miércoles, diciembre 31, 2008

EXPERTA EN MONEDEROS AJENOS

Así, con este título, puede uno caer en el error de que esta Quiosquera sea experta en abrir los monederos de las gentes, o peor aún, que me guste agenciarme de ellos; pero nada más lejos de mi intención.

Y es que me llama la atención el que, cada día más, las buenas gentes, a la hora de pagar el periódico, echen mano al bolsillo o abran sin pudor los monederos y me inviten a tomar el dinero de la palma de sus manos o directamente del portamonedas. En un principio me sorprendió e incluso me sentía un tanto violenta puesto que me parecía estar “hurgando” en los monederos ajenos. Sin embargo, con el paso del tiempo, me he ido a acostumbrado a ello y, en ocasiones, cuando veo personas mayores que se esfuerzan por sacar las monedas mientras sujetan el bastón, el paraguas, o una bolsa, me dan ganas de echar mano al monedero y decirle: no hay prisa, si quiere ya lo cojo yo.

Ciertamente, esto de tener un quiosco es muy interesante. Quienes no han pasado por la experiencia nunca lo sabrán. Nos permite conocer a las personas mucho más de cerca e, incluso, podemos llegar a descubrir que, afortunadamente, hay mucho más “bueno” que “malo”. También el quiosco puede convertirse en una fuente de sabiduría porque nos enseña a callar a tiempo, a no ser indiscretos (pues solemos serlo sin darnos cuenta), a no comentar y, en definitiva, a amar, respetar y tolerar de buen grado a nuestros semejantes. No crean que es tarea fácil porque cada uno tenemos nuestro corazoncito y, a veces, parece que nos van a faltar las fuerzas.
Posiblemente y de forma velada, también sea misión nuestra el conseguir de algunos clientes la práctica de los buenos modales, el que se dejen el mal humor en casa y que por lo menos los domingos aparquen su estrés y consigan esperar pacientemente a que les toque el turno.

Hay que decir que estamos ubicados en una zona privilegiada en la que, buena parte de su población supera los 50 años. La mayoría son educados, respetuosos y con buen sentido del humor. Nos lo han demostrado con creces “sufriendo pacientemente” a Quiosquero que los incita continuamente a la charla desenfadada y a la metáfora pura y dura.

En fin, que el balance de los pocos años que llevamos ejerciendo de quiosqueros ha sido muy positivo y puedo decir con agrado que nos sentimos queridos y totalmente integrados en el barrio: este barrio de gentes amables y que nos han acogido con los brazos abiertos.

martes, diciembre 30, 2008

Catalonia is different

Llevo media vida oyendo lo de Spain is different y ahora que estoy entrando o ya he entrado en mi último cuarto, resulta que otro tanto sucede con Cataluña. Pero no is different sólo por ser España sino que es diferente, además, del resto del país; y no me estoy refiriendo al "hecho diferencial", que ese hace tiempo que lo tengo claro.

Como despedida de año, escribí Aguinaldo 2008, tema que me toca bastante las narices, y ahí se acabó el curso. Al leer los comentarios hubo alguno que no acabé de entender y por eso pregunté por el precio de portada de los diarios en el resto de España. La contestación fue inmediata y, tal como me temía, el precio de los periódicos era el mismo de siempre: vamos, el de cada día.

Esta es mi cuarta Navidad como quiosquero y tengo que reconocer que ninguna ha sido igual, salvo, claro está, que la fecha del aguinaldo fue siempre el siguiente día al del sorteo de la Lotería (igualico que las elecciones americanas: el primer martes después del primer lunes de noviembre). El primer año Margarita (mi predecesora) me avisó con tiempo: mañana los diarios son 20 cts más caros. En efecto, los diarios marcaban 1,20€ en portada (aquí está la trampa, querido Intrépido: en Cataluña paga el lector). Recién informatizado estaba y me vi negro para obtener el descuento que hiciese compatibles precio de venta y precio de coste. Ya conté en su día el cacao que me liaron algunos clientes cuando leyeron que el diario les salía más caro para darle la limosna anual a su quiosquero; alguno hasta me tiró el periódico en las narices. La segunda Navidad no sólo no me cogió de sorpresa, sino que ya me había enterado de la maldita orden del 22 de abril que obliga a los editores a doblar el porcentaje en el susodicho día. Sólo que los 20 cts adicionales salían de otro bolsillo. El año pasado el aguinaldo cayó en domingo y el 40% se aplicó a los 2€ del diario quedando un precio de 2,40. Es de suponer que a los editores les quedó la cantinela de los 40 cts. y este año han subido el diario justo esos 40 cts. En definitiva que, salvo las excepciones indicadas, que cumplieron la ley, los demás diarios han pagado su 20% habitual y los clientes han tenido que apoquinar 40 cts adicionales con lo que la ganancia ha ascendido a 20 duros por ejemplar vendido. (Un inciso: AS también pretendía cargar al lector con el mochuelo pero se equivocó al imprimir el precio y aplicará el 40%). En otras autonomías la ley se ha aplicado de forma estricta: 40% de descuento que le ha supuesto al quiosquero 20 cts. adicionales y que ha pagado el editor.

O séase, Catalonia is different. Y digo bien: Catalonia y no los catalanes. El editor de El País, El Mundo, La Vanguardia, etc. es el mismo en todo el territorio nacional. Sin embargo ha dado diferente trato a los españoles según el lado del Ebro en que se encuentren: a los españolitos de la estepa castellana el aguinaldo de sus quiosqueros les salió gratis (autovías), mientras que los españolitos de Cataluña lo pagaron de su bolsillo (autopistas). Los quiosqueros de la estepa ganaron 20 cts y los de Cataluña ganaron 40 (financiación autonómica)... Y así vamos.

Preguntas tontas:
· ¿Cuándo desapareció la paga del 18 de julio? En el resto de oficios se trasladó a junio y se sigue cobrando, ¿por qué los quiosqueros no?
· ¿Por qué Pedro J. nos echa al público encima poniendo en portada el motivo de la subida del precio de su diario cuando en realidad es su empresa quien se ahorra el aguinaldo?
· ¿Quién y cuándo ha pactado que Catalonia sea different? ¿Por qué las grandes "centrales sindicales", CONADIPE y COVEPRES, permiten estos tratos discriminatorios.

He sacado una conclusión positiva: HADDOCK tiene razón. No hay nada que impida a los editores añadir 10 cts. al precio de portada de cada revista y que éstos vayan íntegramente al quiosquero. A lo mejor lo único que falta es sentarse a dialogar sobre los problemas del sector sin condiciones previas. Y no caigamos en demagogias diciendo que el cliente siempre es el que paga los platos rotos. Todos hemos callado y puesto la mano para recaudar los 40 centimillos del aguinaldo.

Feliz Noche Vieja. Pecad mucho y meadla bien.

martes, diciembre 23, 2008

Aguinaldo 2008

El año pasado, por estas fechas, escribí que en la Navidad de 2008 colgaría el siguiente cartel:
EN ESTE QUIOSCO EL AGUINALDO ES VOLUNTARIO. HOY EL PRECIO DE LOS DIARIOS ES EL HABITUAL DE CUALQUIER OTRO DÍA. FELICES FIESTAS.

Estaba tratando de imprimirlo cuando me sorprendió Quiosquera.
-Ni se te ocurra. La decisión de pasarle el cargo a los clientes no es de los vendedores de prensa sino de los editores. ¡A ver si encima vamos a pasar nosotros por chorizos y que, además, la gente vaya diciendo: “Pues en el quiosco de arriba no cobran el aguinaldo...”!

Como casi siempre Quiosquera tiene razón. Así que cobraremos los diarios al precio de portada y cambiaremos el cartel que pensábamos por uno diferente:

B. O. ESTADO 13 DE MAYO 1972. (NÚM. 115).
Orden 22 de Abril 1972 (Mº Trabajo) Prensa.
Normas reguladoras de los vendedores profesionales.

Articulo 15º. - Percepciones Extraordinarias.
A fin de conmemorar las festividades del 18 de Julio y Navidad, los Vendedores de Prensa percibirán el doble de la comisión normal sobre el precio de venta de los periódicos que se publiquen en la fecha en que se celebra el 18 de Julio y en la que aparezca la lista de la Lotería de Navidad.

N.- Según la ley deberían ser los editores quienes pagasen el diferencial en el precio del periódico de hoy pero, desde años ha, decidieron que fuesen ustedes, los clientes, quienes se hicieran cargo del mismo. Los siguientes diarios SÍ cumplen la ley y lo pagan ellos:
ABC
LA RAZÓN
AS
EL ECONOMISTA
CINCO DÍAS
EXPANSIÓN
LA GACETA DE LOS NEGOCIOS


FELICES PASCUAS Y PRÓSPERA CRISIS 2009

martes, diciembre 16, 2008

Mundo deportivo/Trident senses


Suspendo momentáneamente mi retiro para resaltar lo que pudiera ser un pequeño malentendido o un pasarse de listo por no hacer los cálculos previos. Sabemos por experiencia que, en estos casos, el que pierde es el quiosquero.

El sábado 13 de diciembre El Mundo Deportivo regalaba con cada ejemplar un paquetito de Trident Senses. Por el esfuerzo, el quiosquero recibe un 5% adicional que se traduce en que, por cada diario entregado, Marina Press cobrará la cantidad de 0,78€. En el supuesto de que al final de la jornada un quiosco tenga un sobrante de Mundo Deportivo, se puede caer en la tentación de no devolver los diarios o devolverlos reteniendo el correspondiente paquetito de Senses (por cierto y según mi proveedor, la variedad que menos salida tiene en el mercado). En el primer caso no hay solución: Alea jacta est. Si usted, quiosquero lector, se encuentra encuadrado en el segundo caso, haga los cálculos oportunos y verá que cada caja de Trident le sale por 9,40€. Revise sus facturas de atípicos y si, como es habitual, los está comprando por debajo de este precio, devuelva los sobrantes cagando leches y que se los coma Marina.

viernes, noviembre 21, 2008

Ahora me toca a mí...

En los primeros días de febrero de 1937, las tropas del Ejército “Nacional” tomaron Málaga. Por la represión que siguió, por la represión que se esperaba que siguiera o simplemente por miedo, decenas de miles de malagueños emprendieron la huída hacia Almería, ciudad bastante alejada de los límites de influencia fascista. Es lo que, en mi pueblo, se conoce como la Desbandá de Málaga. Según mis familiares, fueron tres días de riada humana a lo largo de la carretera, a los que siguieron otros cuantos en que la gente continuaba pasando pero mucho más espaciada.
Algo no debió de gustarle a mi abuelo cuando, una vez pasada la oleada gorda, hizo recoger los pertrechos necesarios y, apenas despuntaron las primeras luces, dio la orden de marcha hacia los pueblos del interior de la sierra buscando refugio en casa de algún pariente. No habían alcanzado aún el Camino de Juan de Austria (por donde se dice que Jeromín se adentro en La Alpujarra para apaciguar a los moriscos), cuando mi padre, mozalbete de 16 años, miró hacia atrás. Su casa ya estaba ardiendo. Sin pensárselo dos veces deshizo el camino y subió hasta la camarilla; allí, en una caja de madera, guardaba los pocos libros que poseía y rescató todos los que pudo aun cuando alguno de ellos ya había empezado a arder.

Esta breve historia la he escuchado muchas veces en las veladas de invierno a la luz de un candil. Y he tenido en mis manos los libros que se citaban aunque sólo me acuerdo de dos: una Enciclopedia Universal de no más de 500 páginas y un ejemplar del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Andaba yo por los 20 años cuando mi padre llegó a casa con cara de preocupación.
- ¿Cómo se calcula la capacidad de un tonel?
- No tengo ni idea –contesté-.
- Es que he echado una apuesta con el Jabato a que le calculaba lo que cabía en un tonel que acababa de comprar y he perdido. Mira a ver si me encuentras la enciclopedia mía de la escuela.
- ¿La que tenía un canto quemado?
- ¡Esa!
La encontré. No fue difícil; mi padre tenía pocos libros pero siempre a mano. Fue derecho: Capacidad = 0,625 * d3, siendo d la distancia desde el agujero del tonel al punto más alejado del mismo siguiendo la diagonal.
Mi padre había utilizado correctamente la fórmula pero se había equivocado al multiplicar por 0,625.
A lo largo de mi vida he estudiado muchas matemáticas pero ni en la escuela, ni el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad me enseñaron nunca cómo se calcula el volumen de un tonel. Claro que aquella enciclopedia era de antes de la guerra y, seguramente, estaba escrita para palurdos que guardaban el mosto en toneles en vez de en botellas de vidrio de 75 cl. etiquetadas.

El otro libro que se escapó de la quema, el Quijote, nunca me ha hecho gracia y eso que mi padre me leía pasajes y me hacía ver los distintos puntos de vista de Don Alonso Quijano y de Sancho Panza. Hay dos tipos que no me hacen mijita gracia. Uno es el chulete al que todo sale bien (Bugs Bunny, por ejemplo) y otro es el pobre desgraciado al que todo le sale mal y encima hace el ridículo (Don Quijote). Pero a pesar de ser más Sancho que Quijote (quisiera, al menos), he terminado muchas veces con los huesos molidos por defender causas indefendibles. Y he comprobado que los molinos no son gigantes. Los molinos son enormes fortalezas donde habitan gigantes, brujas y magos malévolos cuyo fin es el de acojonar al quiosquero andante antes de que pueda exponer reivindicaciones justas, factibles y realistas ante quien quizás pudiera escucharlo y entenderlo. No se me olvida mencionar que entre gigantes, brujas y magos, los dueños del castillo-molino también disponen de su 5ª columna de quiosqueros.

Estoy cansado, no sé si física o psíquicamente, y me tomo un tiempo de reposo. Ahora me toca pensar en mí y en mi entorno pero, aviso, sigo estando. A la vuelva hablaremos de editoriales, distribuidoras, administración, asociaciones y quiosqueros. Mientras tanto dejemos alguna pregunta flotando:

· ¿Por qué cada semana “recaudo” 20 vales de La Vanguardia y en julio, agosto y septiembre paso de los 100? ¿Quién me choriza las 80 suscripciones semanales de mis vecinos o sea 4000 Vanguardias anuales?
· ¿Alguien ha hecho números y calculado la rentabilidad que le dan algunas de las distribuidoras después de deducir los portes y los ejemplares que se pierden en los viajes de ida y vuelta? ¿Qué pasaría si 300 o 400 quiosqueros (a los que la distribuidora no les fuese muy rentable) nos diésemos de baja y reclamásemos los depósitos correspondientes?
· ¿Por qué dos de mis clientes habituales han dejado de comprarme BRUCE SPRINGSTEEN en base de que un amigo se los trae de la otra parte de Barcelona sin necesidad de tener que comprar El Periódico y encima me queda la sensación de que el ladrón soy yo?
· ¿En qué quedó el tema de los portes gratuitos?
· ¿En qué estado se encuentra la Publicidad Dinámica? ¿Está ya preñada o seguimos intentándolo?
· ¿Qué futuro nos espera, señor alcalde?

Volveré.

jueves, noviembre 06, 2008

La carta del ayuntamiento II

La otra noche cerré el artículo a la brava pero casi dos horas de conversación dieron para mucho más. A la entrevistadora, por ejemplo, le hizo mucha gracia el tamaño de la Cama Hinchable de La Razón que todavía tengo por aquí porque no han venido a buscármela.
- Pues eso no es nada comparado con los edredones, baterías de cocina, sartenes, carpetas para encuadernar fichas de informática, etc.
- ¿Dónde lo metéis?
- Hay varias alternativas. Podemos meterlo en el coche (craso error porque, si te lo roban, el seguro no responde), podemos alquilar un almacenillo (craso error porque, si te lo roban, el seguro no responde) o podemos ponerlo en la acera durante el día (craso error porque te puede multar el ayuntamiento). Y como las distribuidoras de diarios andan mal de almacenes, el jueves nos entregan todas las promociones y porquerías que “regalan” el sábado y domingo. Los fines de semana, parece ser, los clientes se van a la playa (con sonsonete) y no compran en el quiosco; para que no quede vacío, viernes, sábados y domingos las entregas vienen aumentadas y como las distribuidoras de revistas recogen los lunes, el domingo se puede bailar el vals en el salón principal del quiosco. ¿A que da la sensación de que el problema de espacio se minimizaría si todas las distribuidoras retiraran diariamente los sobrantes, incluidos domingos y fiestas de guardar? ¿Que los domingos se descansa? Servidor tiene tres días de fiesta al año.
- ¿Las promociones aumentan las ventas de diarios?
- Ligeramente. Normalmente la promoción la hace el lector habitual; son pocos los que compran el periódico por el “regalo” a parte de que muchas promociones son una estafa o deberían de serlo. Ejemplo: Bichos. Promoción de La Vanguardia. La promoción sale a 7,95 por el bicho más 2,20 por La Vanguardia. Hace un año salió una colección en la que idéntico bicho se puede comprar por 7,95 sin Vanguardia ni nada. Igualito con el Cossío: como colección se vendía a 12,90; como “promoción” Salía a 12,90 más El Mundo de Catalunya. Una ganga, vamos

Voy lanzado. La mitad de lo que acabo de contar no me dio tiempo a decirlo pero flotaba en el ambiente.
- Igual que los portes. La última ley escrita prohíbe su aplicación porque las distribuidoras ya cobran de las editoriales por el reparto, pero es igual; cobran trabajos auxiliares y ya está, y el quiosquero no puede repercutir ese gasto en el precio. Ejemplo gráfico: un día esta semana, de una de las distribuidoras he vendido 40 diarios; beneficio de 8€ menos recargo de equivalencia; portes 2€ cincuenta y tantos. Los portes se me llevan el 32% de mi ganancia. Y como he devuelto 33 diarios estoy con un riesgo de 26,4€ porque nadie me garantiza que me vayan a devolver el importe correspondiente.
- Usted se queja del formato de las revistas y los cartones.
Cosmopolitan está en uno de los expositores de madera que tengo en la calle. Cojo un ejemplar.
- Si la pongo así, Cosmopolitan ocupa en anchura algo más del espacio de dos revistas y su altura impide que en este espacio pueda poner otra fila. Si Cosmopolitan viniera así… (utilizo la técnica del Apocado; Cosmopolitan se dobla justo por la mitad y la pongo sobre la bandeja de exposición). ¿Ves? Clavada. O Glamour (está castigada en el estante de abajo). Si en vez de siete dedos de prolongación tuviera tres, espacio suficiente para los Maltesers, estaría colocada aquí en primera fila…

Me viene a la memoria que el domingo al sacar Barbie se me fueron a freír espárragos dos cinturones que lleva “perfectamente” retractilados. Subo al estrado y llamo la atención.
- No sé si saldrá igual pero vais a ver cómo nos llega la mercancía.
Agarro Barbie, situada en la parte alta del quiosco, tiro de ella y bajo la mano con una cierta fuerza. Los dos cinturones, la revista y toda la parafernalia se van al carajo.
- ¿Has cogido eso? –pregunta la periodista-.
Salvando todas las distancias entre mis periodistas y las de la película, me parece estar reviviendo La Jungla de Cristal.

Acabamos tomando un café en Superwaiter. No acababan de asimilar todo el rollo que les había soltado.
- Tranquilas que esto no es nada; sólo hemos hablado de espacio. Queda hablar de tiempo, de dinero, de relaciones “cordiales”, de repartidores, de asociaciones, de quiosqueros… Vamos que si sacamos a Al Capone de Chicago y lo metemos en el mundo del quiosco de Barcelona, resulta que es un angelico.

La televisión hace milagros pero si estas chicas son capaces de trasmitir una idea, por leve que fuese, de lo que es un quiosco, estaríamos ante candidatas al Pulitzer.

martes, noviembre 04, 2008

La carta del Ayuntamiento

Como siempre, a traición y aprovechando las vacaciones estivales, el Ayuntamiento de Barcelona se descuelga dando una nueva vuelta a la tuerca que aprieta el pescuezo de los quiosqueros, en este caso, en forma de nota informativa.
Destacamos:
- Nos ponemos en contacto con usted, para recabar su colaboración en un tema que ha llegado a ser muy preocupante en toda la ciudad. (Tengo entendido que, según las últimas encuestas, a los barceloneses no les preocupa el paro, ni la crisis -¿qué crisis?-, ni la seguridad; lo que realmente los tiene agobiados son los cartones que los quiosqueros apoyan en la pared de enfrente).
- Somos conscientes que no ayuda a ubicar CORRECTAMENTE DENTRO de los quioscos el material, el hecho de que ÚLTIMAMENTE las ediciones se acompañan de un cartonaje excesivo. Però…
- …en el futuro, las circunstancias recogidas como infracciones a las ordenanzas no seguirán teniendo en el futuro (valga la rebuznancia) un tratamiento de benevolencia.

En septiembre varios periódicos se hacen eco de la nota que, al parecer, no sólo afecta a los quiosqueros sino a todo establecimiento que utilice la acera como extensión del negocio. Hacen hincapié en los cartones de los quioscos, los atriles anunciando el menú del día y los maceteros que adornan la entrada de algunos bares. Y tocan la fibra del ciudadano sensible: los ciegos, que suelen caminar arrimados a la pared, corren riesgo de lesión y los que van en silla de ruedas y las mamás que empujan cochecitos de bebé…
Y es cierto. Incluso cualquier cabroncete podría dejarse la uña del dedo gordo incrustada en la base de uno de los maceteros.
Claro que, digo yo, el cieguecito, el minusválido de la silla de ruedas, la mamá que empuja el carro del bebé, el cabroncete o cualquiera de nosotros ¿no puede tropezar en la pata de una de las sillas de una de las “terrazas” autorizadas por el ayuntamiento y hacerse daño? En ningún caso. Las terrazas pagan una cuota y el municipio no está dispuesto a prescindir de ese ingreso. Igual puede ocurrir con las puertas de vidrio que amplían los quioscos hacia la calle. No sería la primera vez que un tierno infante se deja las narices contra el vidrio; aunque puede que aquí haya una diferencia: el tamaño de la hostia no depende del grosor de la puerta sino de la velocidad del niño.
Son multitud los artilugios que obstaculizan el paso de las personas, minusválidas o no, y no entenderé jamás por qué sólo son peligrosas los que salen gratis. Ni entenderé por qué es más peligroso un cartón que sobresale 10 cm de la pared de enfrente que una moto aparcada junto al quiosco muy cerca del paso de peatones.
A menos que se pretenda soslayar la crisis a golpe de multas.

Me dicen que el ayuntamiento no aplicará nunca esta normativa. Me es igual. La normativa está ahí y penderá siempre como una espada de Damocles sobre los pequeños comercios.

Estaba en estas elucubraciones cuando observo que tengo un email. “Treballo a Informatius de Televisió de Catalunya, TV3, i m'agradaria posar-me en contacte amb tu, en relació a un reportatge que estem elaborant”.
Últimamente no estoy para bromas, es decir, ando de cabreo subido y cunde el desánimo pero Quiosquera no está dispuesta a dejar que me rinda. “El quiosquer és el meu marit i, si esteu interessat a contactar amb ell, us atendrà de molt bon grat”.
Estaban interesados. Unos días después recibí una llamada para quedar. Hablaríamos de la carta del Ayuntamiento, cómo nos repercute y de qué forma se podría solucionar. Más o menos. Los cité el lunes a las seis y cuarto de la madrugada que es el momento en el que los quiosqueros estamos en nuestra salsa: despejados de mente y sin paquetes por en medio.

Este quiosquero es buen elemento cuando se trata de enrollarse en Can Superwaiter o en cualquier otro lugar y circunstancia donde no sean necesarias grandes dotes de ingenio o elocuencia. Otra cosa es cuando hay que hablar en serio. Ahí me gana la responsabilidad o el miedo a meter la pata y me acoquino bastante. Por eso, de una u otra manera, contacté con las Asociaciones en busca de ideas y, sobre todo, para que me marcasen el tono; y he pasado parte del fin de semana preparando la entrevista. No hace falta discurrir mucho para concluir que no me han hecho ni una sola de las preguntas que yo había imaginado.

El lunes ha empezado bien. Esperaba a una periodista despierta (según interpreté al hablar con ella por teléfono) y un cámara desgreñado. Con la periodista he acertado. Con el cámara (en este caso, la), no. Estaba en consonancia con la periodista. Así y todo he empezado torpe y muy justito de ideas.
Resumo lo que he dicho y lo que no he dicho porque no he tenido oportunidad o no se me ha ocurrido.

· Las aceras están para que deambulen los peatones.

· Es muy fácil solucionar un problema a golpe de sanciones. Así yo también puedo ser alcalde. Lo que es complicado es llegar a la raíz de ese problema y atajarlo en su inicio.

· En un quiosco intervienen tres estamentos: Administración, Editores-Distribuidores y quiosqueros. El único que no tiene ni voz ni voto es el quiosquero. Los Editores-Distribuidores tienen privilegio de monopolio aunque legalmente no lo sean. La periodista se sorprende: Si el quiosquero sólo puede comprar una revista a un distribuidor concreto ¿cómo es que no existe monopolio? Porque nadie me obliga a comprarle a este distribuidor; si voy a Huelva a comprar la revista, seguramente allí el distribuidor sea otro.

· ¿Cómo aplican las Distribuidoras su posición de privilegio? Lo explico gráficamente. Supongamos que el quiosco es un bar y quiero comprar cocacolas. Sólo hay una empresa que las distribuye y que me dice cuántas me va a mandar, cómo van a ir empaquetadas y a qué hora llegarán. Eso sí, cada cocacola, me costará 80 cts. más impuestos (recargo de equivalencia) y gastos de transporte y tendré que venderla a un precio máximo de 1 €. Además, cuando devuelva las caducadas deberé añadir las chapas y botellas de todas las que vendí y una vez por semana con cada cocacola deberé servir un pincho de tortilla (que ellos me suministran), calentito y bien presentado para llamar la atención del consumidor. Ese día la cocacola sólo me costará 75 cts. Pero, sobre todo, que no se me olvide devolver el palillo del pincho ya que, en este caso, me cobrarán la cocacola y la tortilla. ¿Que eso no lo admitiría ningún comerciante? Un comerciante no, un quiosquero sí.

· ¿Piden, entonces, los quiosqueros protección? Yo no. España lleva más de 300 años viviendo y pidiendo proteccionismo a papá estado. Yo lo único que quiero es que las circunstancias y las leyes me permitan sentarme ante editores y distribuidores en plano de igualdad y no de sumisión. Y discutir conjuntamente la normalización del tamaño de las revistas, cartones y otros menesteres que se determinan sin pensar jamás en el quiosquero, Y eso sólo puede hacerse de dos formas (que a mí se me ocurran): a) que tenga varios proveedores donde elegir; entonces trabajaré con el que me trate dignamente como cliente y no como “estimado colaborador” b) que no dependa económica y absolutamente de las distribuidoras.
En la cena de Navidad de 2006, el presidente del Tribunal Catalán de Defensa de la Competencia prometió que apoyará las denuncias contra competencia desleal, el Regidor de Cultura se comprometió a crear una mesa que busque soluciones y el Conseller de Cultura afirmó que el Estado no puede permitirse el lujo de quedarse sin quioscos. No se ha hecho nada (que yo sepa) y cuando se pone sobre la mesa la Publicididad Dinámica, que podría darnos cierta independencia económica, el Ayuntamiento la dinamita.

· ¿Justifica todo esto la invasión del espacio público? Un quiosco es un punto de venta o compra por impulso: veo, me gusta y compro. Salvo los habituales que te piden una publicación fija, la mayoría de las cosas que no se ven no se venden. Yo “castigo” las revistas cuyo envoltorio no me gusta y, sin embargo, cada mes vendo aproximadamente lo mismo. Si ocupase más espacio de acera exponiendo más y mejor las revistas mensuales, calculo que vendería entre 3 y 4000€ más cada mes. Y eso, tal como está el negocio, no es una cifra nada despreciable.

Termino por esta noche porque, entre unas cosas y otras, ya es mañana. Y estoy cansado. No acierto a pensar cómo los técnicos van a ser capaces de resumir en un par de minutos el rollo que les metí. El reportaje lo emitirá TV3 en el informativo de mediodía de no sé cuando. Me avisarán.

miércoles, octubre 29, 2008

Si lo sé, no me levanto

En realidad fue ayer cuando no debí levantarme. Llovía y, con las manos ocupadas con las garrotillas, llegué mojado al garaje. En el quiosco me esperaban sorpresas; El Periódico regala un mamotreto de celebración de su trigésimo aniversario y Salva me hace partícipe de que hoy, miércoles, debe pasar la ITV de alguno de sus varios males. Yo también tengo cita con mi médico y, por supuesto, coincide con el horario de una de las pruebas de Salva. Pero, ya se sabe, donde manda patrón… A las 10 de la noche me conectaba a www.gencat.cat y anulaba la visita; al fin y al cabo mis males pueden esperar.

Me levanto con un ligero cabreo pero con los nervios atemperados y la mente despejada. No me doy cuenta de que echo la ropa interior en el cubo de la basura pero detecto de inmediato que estoy intentando calentar el zumo de naranja, lo que me hace rebobinar y subsanar a tiempo el incidente de la ropa sucia.
Llego al quiosco en medio de un aguacero apañadete. Salva se me ha adelantado y está montando el chiringuito. Observo cambios: los diarios de menor tirada no ocupan su lugar habitual (hablaremos de ello) y Logística no ha retirado el sobrante de su tocho “30 anys”.
- ¿Qué hace esto aquí? –pregunto mientras señalo el montón de libracos-.
- El chaval ha dicho que no hace falta devolverlos.
- A nosotros no nos pagan por tirarlos, así que a la noche planto el paquete en mitad de la calle y veremos qué pasa.
Si de aquí a la noche se me ha pasado el mal humor, tiraré los libros al reciclaje pero si me dura la mala leche… si me dura. Me han dicho que el librote está bien pero yo no soy el Conseller de Ecología ni el repartidor de Logística. Soy el quiosquero y lo que me toca hacer es el paquete de devolución y ponerlo junto al quiosco para que la distribuidora se lo lleve. A partir de ahí no debería ser mi problema.

Mientras, estoy de pie en la entrada del quiosco. Es, justamente, el lugar donde se para todo el mundo y, quizá por el peso, está un poco hundido. Si añadimos que llueve… ¡charco! Pues ahí estaba yo. Calzo bota de suela basta y cuero grueso pero lo mismo da: tenía los calcetines chorreando. Al darme cuenta, noto frío y me largo a que el Super me inyecte un café calentito. Discute con un taxista y otro parroquiano madrugador.
- Ahora os lo explicará éste –dice al verme entrar- que tiene un lenguaje más académico.
- ¿Qué pasa? –pregunto.
- Que hace seis meses estos se reían cuando yo hablaba de crisis y ahora están acojonados. ¿Cuándo te enteraste tú?
- Cuando todo el mundo. Bueno, todo el mundo menos Zapatero y Solbes.
- ¡Veis, veis!
- De todos modos, con la lluvia los taxistas estaréis contentos.
- ¡Qué va! Cuando llueve es peor.
- ¿Y por qué cuando llueve yo no encuentro un taxi así me maten?
- Porque no salen. Con lluvia es muy fácil darse un trastazo y luego te tienes que pasar días sin trabajar.
- ¡Caño, cloro! -¡Mierda! Además de estar helado se me traba la lengua.

Vuelvo al quiosco y despacho a Salva mientras ataco los albaranes de SGEL que hoy vienen con un buen surtido de revistas del corazón. Últimamente Lecturas viene en dos versiones: la clásica y Lecturas + CSI (5ª temporada). Ésta última se presentaba con su correspondiente cartón y, por tanto, recibía el castigo de desaparecer de la vista. Me pongo contento cuando la veo bien empaquetada ocupando exactamente el espacio de una revista, pero… Lecturas incorpora unas recetas de Karlos Arguiñano (o me sobra la K o me sobra la Ñ; las dos juntas… como que no) grapadas en la revista a modo de solapilla. Y bajo la solapa, el código de barras para que no se enfríe. La versión Lecturas + CSI viene retractilada; más que nada para que el DVD no se caiga. El retráctil no se debe romper y, por ende, impide que la solapa se levante. No sé si los señores editores querrían decirme cómo puedo leer entonces el código de barras.
Según el albarán, recibo las publicaciones ULTIMATE HEROES y FANTASTIC FOUR. Yo, sin embargo, tengo en mis manos CAPTAIN BRITAIN y THE AGE OF THE SENTRY. En letras de dos dedos de altura. Tras darle varias vueltas, junto al código de barras y en tamaño de no más de 4 milímetros, encuentro el nombre original. ¡Cómo echo de menos EL JABATO, EL CAPITAN TRUENO o PANTERA NEGRA, cuyas cabeceras ocupaban medio tebeo!

Sigo teniendo frío y me apetece un café y un cigarrillo. Echo un euro al cajón, me como un Kinder Bueno y huelo el paquete de Reig 15. Mientras mastico observo la disposición de los periódicos, que se mantienen secos. Reflexiono. Mi quiosco es del modelo de mostrador fijo (en Barcelona hay otro modelo en que, para cerrar, el mostrador se empuja hacia dentro). Bajando el frontal queda una plataforma que es donde yo pongo los diarios. Le he añadido una banqueta (sin salir de los límites del espacio establecido por el ayuntamiento) que me permite poner los periódicos en dos filas. Ayer llovía. La primera fila de periódicos, la más cercana a la calle, estaba chorreando. La segunda fila estaba húmeda. La primera fila de revistas, un espacio más atrás y 50 cm. más arriba, también estaba mojada. Hoy, Salva, no ha desplegado las revistas de arriba ni ha puesto periódicos en la banqueta. Los que correspondían a ésta están en el lugar de las revistas. Voy repasando el panorama. Los periódicos que están en el lugar que ocupaban las revistas mojadas, aparecen impecables. Los periódicos que ayer estaban húmedos, aparecen impecables. La banqueta, que ayer contenía los periódicos chorreando, aparece con gotas de agua dispersas. Hoy llueve más que ayer… ¿Dónde está el milagro? He hecho un máster en una mañana para llegar a la conclusión que ya sabía: los quioscos de Barcelona están fabricados a prueba de agua pero no de clientes. Los periódicos se mojan utilizando solamente el agua que chorrea de los paraguas.

El descubrimiento no hace que se me pase el frío pero da tiempo a que llegue Sadibarna. Mandan un albarán de rectificación con un escueto “POR ERROR EN EL CALCULO DEL DESCUENTO, ESTE ALBARAN ANULA AL ANTERIOR”. ¡Venga, quiosqueros, busquen las 7 diferencias! Es cuestión de ABANICARTE. Dos meses, dos, han tardado en arreglar un disparate (es casi imposible que sea error). Y para que les agradezcamos el detalle, a mí me ha llegado el paquete de O.K. perfectamente barajado: una parriba y otra pabajo de modo que cuando se venda la que está de cara se quede a la vista el culo de la otra.

- ¿Oiga, el metro de Girona?
- Primera a la derecha, siguiente esquina.
- ¿Seguro?
- No.
- ¿Entonces?
- Usted haga lo que quiera pero si quiere coger el metro: primera a la derecha, siguiente esquina.

Tengo frío.

viernes, octubre 24, 2008

Murphy de vacaciones

Decía hace ya casi dos años que de Murphy me hacían gracia los postulados de Pudder:
· Todo lo que empieza bien, acaba mal
· Todo lo que empieza mal, acaba de puta pena

Pues bien, o Murphy se ha tomado unas vacaciones o hemos de añadir un tercer postulado:
· Alguna de las cosas que empiezan de puta pena, pueden acabar regular.

Acabamos de cumplir un año desde que se inició la puta pena en este quiosco y todavía no ha acabado. Me rompí una rodilla, a Dalr se le quemó el coche, Salva volvió de las Américas pensando que tenía el dengue, al ordenador le reventó la placa base de un atracón de mantecaos… Breve paréntesis de tregua trampa que aprovechó Salva para parir y en junio volvimos a las andadas. Infección vírica de cualquier aparato con capacidad de pensar (Salva y yo somos inmunes), nuevos problemas con la aplicación informática donde dejan de funcionar procesos que iban bien, telele cardíaco, la cartoná, según frase del médico “no me adapto a ser un enfermo coronario”, a Salva le duele un güevo…
Con tales perspectivas, lo normal hubiera sido que un día se nos olvidara apagar el ordenador y se produjera una explosión de gas.

No ha sido así. Llevamos unos cuantos días que, si quitamos que llueve, que como hay crisis algunos han suprimido el periódico, que al acabarse la cartoná productos que normalmente van sin cartón ahora lo llevan, que… todo lo demás va de puta madre.

Llevo tiempo preguntándome por qué las promociones baratas se “distribuyen” en el quiosco mientras que las caras las “vende” el Caguefug. La Razón, ese periódico de derechas que lee la gente de centro, rompe la norma y anuncia el lanzamiento de un “revolucionario ASPIRADOR con tecnología doble ciclón (sic)”. El lector debe rellenar una cartilla con 20 cupones y pagar 99€ por el aparato: total, 119€. El quiosquero entrega el cacharro y gana casi 25€ de golpe. Que el trasto es mucho trasto para un quiosco. Lo sé. Pero tuve unos cuantos juegos de consomé a 5€ la tirada y un montón de edredones de cama de matrimonio a 5,99 y me los tragué. ¡Cómo voy a hacerle ascos a una venta de 99€!
Es más, desde esta mañana La Razón ocupa un lugar preferente en la exposición. Sin grandes cambios: entre los diarios de poca tirada lo he puesto el último y, por tanto, es el que más y mejor se ve. Seguramente no voy a vender un puñetero aspirador pero hay que premiar la intención.

Hay revistas que uno ha visto pasar por el quiosco mes tras mes sin que jamás haya vendido una. Y lo peor es que, de vez en cuando, una se perdía en el viaje de ida, en el de vuelta o durante la estancia. Una de esas revistas es Letras Libres. Ha ocupado todas las posiciones de este quiosco y no nos hemos estrenado. Ni siquiera recuerdo a nadie ojeándola. Al final decidimos mandarla directamente a la caja de devolución (la decisión lógica hubiera sido decir al proveedor que no la mande pero esto es un quiosco). Este mes, cuando llegó la revista y por equivocación creo, la pusimos en la zona cultural. Hoy me la ha comprado una clienta habitual y lectora empedernida que me ha pedido que cada mes le avise cuando llega por si le interesa.

Y no hay dos sin tres. Me han concedido el Premio Martín Cendoya de las Letras. Un cliente casi reciente (quiero decir que nos enrollamos sólo desde recientemente) me compró no hace mucho Pies para quiosquero y le ha gustado. No por su calidad literaria (eso no me lo ha dicho) sino por lo mucho que ha aprendido de todo lo que hay detrás de la cara sonriente o de malafollá del quiosquero. El premio consiste en varias copas (me parece que una botella) de Reserva 2003 del citado Martín Cendoya, reserva que, de paso, es una de las medicinas que me recetó la cardióloga que me puso el muellecito y que prometo beberme a su salud (la del dador del premio) y a la mía.

Me temo que tanta coincidencia no pueda ser sana y Murphy me esté preparando un sorpresón gordo. El de Navidad, por ejemplo.

martes, octubre 21, 2008

El hábito sí hace al monje

No era mi padre muy propicio a protocolos ni a distinciones que pusieran a un hombre por delante de otro por el simple hecho de pertenecer a una familia u ostentar un determinado cargo, aun cuando tuviese muy claro el lugar que a cada uno le correspondía en función de méritos demostrados.

Recuerdo una ocasión en que hizo un viaje a la capital de la provincia acompañando al alcalde del pueblo y al cura de un pueblo vecino. El alcalde y el cura debían resolver una misión importante en el obispado; mi padre era el idiota que ponía el coche, la gasolina y, si hacía falta, pagaba la comida. Salieron desde mi pueblo (lógico) y el alcalde ocupaba el asiento del pasajero. Llegados al pueblo vecino, el cura, 120 kg. en canal, hizo ademán de echar al alcalde de su sitio para ocupar el lugar de privilegio. Mi padre le espetó:
- Este palurdo es un hombre como los demás y ya va bien donde está. Así que usted se coloca en el asiento de atrás y bien centrado que la carretera tiene curvas.

Sin embargo, cuando después del Concilio Vaticano II los curas empezaron a vestir de hombre, no le gustó el invento a mi padre, que se quejaba de no poder distinguir a los hombres santos de los pecadores. Y es que, se quiera o no, la mayoría de personas primero nos fijamos en el hábito y más tarde, si cabe, en el monje.

Nuestro oficio, por ejemplo. El quiosquero es, como la antigua castañera, un faro de humanidad en medio del bullicio ciudadano. Pero la idea que se tiene tanto del quiosquero como de la castañera (ésta prácticamente extinguida) es la de personas con oficios marginales. Vamos, que están ahí porque no son capaces de estar en otro sitio. Y este hábito nos va a costar mucho sacárnoslo de encima.

Hace tiempo que Pies para quiosquero, segunda temporada, no se pasea por los expositores del quiosco pero los domingos Quiosquera pone a la vista un par de ejemplares. Por si acaso.
Los domingos suelen ser matemáticos: prácticamente nada hasta las 10, avalancha de clientes hasta las 10,30, calma hasta las 12, asedio hasta las 12,30, movimiento hasta las 13,45 y, en el mismo momento en que empezamos a recoger, inundación. Estamos programados y procuramos tomarnos el cafetito de modo que las 10 nos pille meados. Cualquier otra urgencia hay que resolverla entre 10,30 y 12.

El día de autos Quiosquera se había saltado el turno de “antes de las 10” y se vio obligada a abandonarme a las 11 y media. El ambiente estaba tranquilo: una Vanguardia por aquí, un Periódico por allá, un Gormitti por acullá… Se acercó uno de mis clientes. Habitual pero no de los que se enrollan. Compró La Vanguardia, tomó un ejemplar de Pies para quiosquero y se puso a hojearlo leyendo algún que otro parrafillo.
- Ta be sho.
Yo no tenía nada que hacer y lo observaba.
- ¡Coi, mol be!
Miró y remiró la portada buscando, supongo, el autor.
- En realidad, ¿esto qué es? –acabó preguntando-.
- Una recopilación de anécdotas ocurridas en este quiosco.
- A ver si lo entiendo. Los quiosqueros habéis ido apuntando cosas que os han pasado y han escrito un libro.
- No. Estos quiosqueros hemos recogido historietas que han ocurrido aquí y hemos escrito un libro.
- ¡Quién ha escrito el libro! –exigió más que preguntó-.
- Yo –abrevié-.
- ¡Ah!

Con suavidad, diría que hasta con delicadeza, depositó el libro en su sitio. Puede que esté equivocado pero me dio la impresión de que temía contaminarse (literariamente, se entiende).

miércoles, octubre 15, 2008

Catachín

Siempre creí que las prisas iban en función de la trascendencia del asunto que nos llevábamos entre manos, que las más elementales normas de convivencia nos hacían guardar un orden cuando varios individuos deseábamos la misma cosa y que cuando se solicita un favor… eso, se solicita.
El mundo no es así. La trascendencia de las cosas no depende del objeto sino del sujeto; lo que a mí me pase es trascendente; lo que pasa a los demás puede esperar. Si varios sujetos necesitamos la misma cosa, lo mejor es lo de “maricón el último” y dar las tarascadas necesarias para llegar al primero de la fila y entonces exigir orden. Y cuando uno necesita un favor lo mejor es exigirlo, fuéramos a leches.

Y este mundo solidario se observa de maravilla desde un quiosco. Quiosco donde todo lo que vendemos es prescindible. Uno podría entender que alguien tratase de colarse en urgencias de un hospital (cuestión de salud física) o en el Nou Camp (cuestión de salud mental) pero para comprar un periódico… Hombre, 200 metros más abajo hay otro quiosco o una boca de metro donde los dan gratis.

La reacción de los afectados suele ir en función del tamaño propio pero, sobre todo, en función del tamaño del trasgresor. Cuanto más grande es el bicho, más educaditos somos los demás. Salvo cuando el que se cuela sólo pregunta, en cuyo caso la mayoría nos ofrecemos a echarle una mano (lo normal es que el pobre pregunte por la Sagrada Familia y lo acabemos mandando a Nazaret pero la intención es buena).

- Caretasió.
Son dos chinetes (Beijing) que se han acercado mientras valido 7 papeletas 7 de Loto 6/49. Encima hace como 6 meses que no he limpiado el lector y tengo que pasar cada boleto dos o tres veces. Se me ha hecho una cola kilométrica y no hago puñetero caso a los chinos, que insisten.
- Caretasió.
Al segundo de la fila, que lleva 5 minutos con la mano tiesa y el euro entre los dedos, se le pasan las prisas.
- ¿Buscas la estasió del metro?
- No metrro. Caretasió.
- Será la Estación del Norte. ¿Autobús?
- No, no. Caretasió.
Las pesquisas se generalizaron pero al chino no lo sacaban de su frase. Cuando un chino no tiene ni puta idea de lo que se le está diciendo, hace una ligera reverencia y ríe. Éste tenía una mala leche dibujada en el rostro que daba miedo verlo. Emprendió la retirada.
- ¡Eh, Fumanchú! ¿Qué buscas? Dímelo des-pa-ci-to.
- Caré Tasió.
- ¿Carré Diputasió?
La raja de los ojos le dio la vuelta y las comisuras de los labios le sobrepasaron las orejas.
- La primera pabajo –le dije al tiempo que hacía la señal de tiempo en baloncesto-.
- Sie, sie –me dijo mientras me obsequiaba con unas cuantas reverencias y emprendía el camino.
- Anda que si no es porque yo sé chino hubiera encontrado éste la calle...
- No hablaba chino –me dice el del euro en la mano-, lo estaba diciendo en catalán.
- Pues usted que sabe catalán no se había enterado y yo, que sólo chapurreo chino, lo he entendido a la primera.

jueves, octubre 09, 2008

Economía y tricornios

Oigo a unas empresarias españolas quejándose. Desde hace mucho tiempo fabricaban los tricornios para la Guardia Civil y ahora el gobierno ha decidido comprarlos en China. Plan de ahorro. Se quejan de la calidad del producto, no porque los chinos no sepan hacer tricornios sino porque el español medio tiene un tipo de cabeza diferente al asiático. “Y todo eso, concluyen, por ahorrarse unos cientos de euros”. O unos cientos de miles. Igual da.

El asunto de las cabezas es asumible. Si no se puede ajustar el tricornio a la cabeza, ajustemos la cabeza al tricornio. ¿Alguien duda de que en unos cuantos años acaso no serán chinos la mayoría de guardias civiles? No es problema de tricornios; es problema de economía.
Nos dicen los economistas que, en época de crisis, hay que ahorrar y eso es lo que hace el gobierno (principio económico). Todo euro que pasa de un español a otro ni se crea ni se destruye, únicamente cambia de bolsillo. A todo euro que pasa los Pirineos no se le ve más el pelo (principio físico-matemático).

Sigo sin tener ni idea de política económica, sé algo de física y un poquito más de matemáticas y el ahorro de los tricornios me recuerda al de Quiosquera comprando pilas.
- Coño, Quiosquera, ¿por qué compras las pilas en el Día?
- Porque me salen más baratas que comprándolas en el quiosco.
- ¿Has echado cuentas?
- Y tanto. Tú las vendes a 5 y en el Día las compro a 4 (por ejemplo). Me ahorro un euro.
- A ver. En este momento yo soy la cajera del Día. Cómprame unas pilas.
Hace el paripé y me las compra.
- Son cuatro euros, señora. –Me paga-. ¿Cuál es tu saldo actual?
- Cuatro euros menos.
- Vale. Ahora estás en el quiosco y yo soy el proveedor de pilas. ¿Cuántas pilas necesita?
- Hoy me vas a dejar unas solamente.
- Son 3 euros.
Quiosquera me paga los 3 euros.
- Ahora compra unas pilas y te cambias los 5 euros de bolsillo. ¿Cuál es tu saldo?
- Tres euros menos.
- ¿Dónde te salen más caras las pilas?
- En el Día.

Rubalcaba y Solbes no se han enterado.

martes, octubre 07, 2008

Ser puta y poner la cama

Dicen que es el oficio más antiguo del mundo; el de puta, se entiende. Aunque no me acabo de imaginar a mamá Eva intentando llevarse al huerto a un orangután con la cara de Clarc Gueibol. Lo de la cama debió llegar después porque en el Paraíso el césped era gratis. Pero debe ser triste que no puedas cargar en la factura el desgaste de material.

De putas y camas los quiosqueros sabemos; nos ha tocado pagarla muchas veces. A mí por lo menos. Aunque hay camas que se atragantan y no me refiero (por esta vez) a las que regala La Razón en sus promociones.
Me explico.

La gente miserable es miserable por naturaleza y no se para en barras. Tengo unos cuantos clientes que hacen todas o casi todas las promociones y, si es posible, por duplicado. Y, tanto si es posible como si no, sin gastarse un euro. ¿Cómo? Arrasando con los cupones de los diarios de todos los bares de alrededor. Hay veces que vas a tomarte un café y te encuentras La Vanguardia que parece que la ha mordido un cocodrilo. Y hasta se puede entender: antes de que el señor conde obtenga un beneficio, que no lo obtenga nadie (este es un pensamiento demasiado profundo para un miserable y, por tanto, fuera de contexto).
Lo de la cama y la puta entra cuando el quiosquero interviene. Un ejemplo.

Superwaiter compra cada día Mundo Deportivo. Es un diario que odia pero es el que gustan leer los imbéciles de sus clientes. Y, entre ellos, hay más de un raterillo de cupones. El más espibalado de adelantó a los demás y nos pidió a Salva y a mí que le recortásemos el cupón del diario de Superwaiter. Con el permiso del Super, durante una semana hemos estado recortando y pegando el cuponcito; todo sea por el euro y medio de un Cuchillo del Barça (ser puta). Llegado el viernes y cuando la cartilla estaba completa, el parroquiano de Superwatiter se pasó por el quiosco y nos la pidió. “Es que el cuchillo ya me lo guarda el quiosquero de mi barrio” (poner la cama).

Cuando el viernes siguiente vino a recoger la cartilla y le dijimos que “se nos había olvidado”, nos monto un pollo del carajo. Parecía como cabreado.

viernes, octubre 03, 2008

Frases célebres

A lo largo de los siglos, los humanos hemos pronunciado un número muy elevado de palabras; tantas que, probablemente, no haya ordenador con capacidad suficiente para almacenarlas. Hasta nosotros, sin embargo, han llegado muy pocas. Y es que es muy complicado pronunciar una frase lo suficientemente inteligente o lo suficientemente absurda para que pase a la posteridad.
(Bien, la segunda parte de la disyuntiva no es verdad. Es cuestión de escuchar a menudo a Dª Magdalena Álvarez, por ejemplo).

Desde “Mi reino por un caballo” hasta “París bien vale una misa”, muchas de las frases que nos legaron nuestros ancestros se pronunciaron en momentos que supusieron grandes cambios históricos, siendo el autor de la frase el mismo individuo que propició el dicho cambio.
Es por esto por lo que, a la hora de elegir frases célebres, me decanto por las que no tuvieron resultados positivos. Como por ejemplo: “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Al final, para Méndez Núñez, ni barcos ni honra.
A mi entender, la mejor frase del siglo XX la pronunció Carlos Sainz cuando, con el campeonato del mundo al alcance de su mano, se fue a la cuneta: “La cagamos, Luis”, dijo a su copiloto.

Pero por encima de todas, la frase en la que más veces he pensado la pronunció un personaje de ficción: “Sed buenos” (E.T.). Me hubiera gustado ser bueno aun a sabiendas de que para un ser humano es algo inaccesible. De hecho, aseguro que hace años lo intenté; pero desde que estoy tras (o ante) el mostrador de un quiosco he renunciado. No hay que ser bueno, hay que ser un santo para no sospechar siquiera que nuestros proveedores nos roban. ¿Cómo puede explicarse el proceder de Sadibarna para no dudar de su bondad?

El jueves, 25 de septiembre, en Sadibarna y Antoñico López relatábamos las peripecias de la distribuidora con los coleccionables ABANICARTE y RELOJES HISTÓRICOS. En la factura de esta semana aparecía un albarán de rectificación; a ambos productos se les aplicaba el 4% de recargo de equivalencia y, aun así, el importe era negativo: se había rectificado de paso el precio de coste de ABANICARTE pasando de 4,80 a 4,14. Hasta ahí todo correcto; pero en la misma factura aparece el siguiente número de ABANICARTE. En esta ocasión el recargo de equivalencia está correctamente aplicado pero el precio de coste vuelve a ser de 4,80€. ¿Error informático?
A pesar del nombre que queramos darle, cerebro electrónico, inteligencia artificial o lo que nos dé la gana, un ordenador es un aparato completamente idiota que jamás tomará decisiones por su cuenta ni ejecutará acción alguna que no se le haya ordenado. Eso sí, tiene una memoria prodigiosa y en iguales circunstancias reaccionará siempre de igual forma. Es decir, si en el albarán 357 un programa determinó que el precio de coste de un abanico es de 4,14€, es imposible que en el albarán 481 el mismo programa determine un precio de 4,80. Y esto es así porque las únicas variables que entran en el cálculo son el precio de venta, el IVA y el descuento y estas variables son idénticas en ambos albaranes. Por tanto, no se trata de un error informático; en todo caso es un error del informático, al que le ha quedado abierta una vía donde el precio de coste se calcula aplicando el descuento al precio de venta sin tener en cuenta que hay un IVA de por medio ¿es así, colega?

Con esto, los que tenemos un descuento del 25% vemos reducida nuestra ganancia a la mitad; los que su descuento sea del 20% no ganan prácticamente nada.

¿Puede hablarse de robo? No lo sé. Pero por lo menos es pecado ya que, se dice, también se peca por omisión y hay que omitir mucho para, una vez detectado que un artículo ha operado mal, no comprobar si el número siguiente adolece del mismo defecto. Señor Lara, con estos anzuelos nunca pescará con caña.

Lo que es doloroso es que ni un solo quiosquero haya levantado la voz de alarma. ¿Repasamos facturas? ¿Cómo las repasamos? ¿O acaso con la publicad que cobramos podemos permitirnos el lujo de repartir colecciones gratis?

jueves, octubre 02, 2008

Si no sabes inglés, no viajes

Cada época ha tenido su idioma de moda, idioma que, por raro que parezca, suele coincidir con el que se habla en el país más odiado de cada momento. En mis años, dado que las relaciones internaciones de España eran escasas, estudiábamos francés. Por razones de buena vecindad. Aunque los más adelantados empezaban a apuntarse al inglés.

Cuando llegué a la universidad, una de las asignaturas de segundo curso era la lengua de las islas; asignatura oficial, además. El profesor era el Güili, coñazo donde los haya, por lo que sólo iban a clase cuatro o cinco despistados. Los demás pasábamos la hora en los billares de enfrente, jugando al ping pong o al futbolín. Llegó mayo y no había aprendido nada. Los estudiantes de años anteriores me echaron una mano: el examen consiste en deletrear una serie de números, demostrar que se sabe decir 3 por 4 o 6 elevado al cuadrado y traducir unas cuantas frases, diccionario en mano.
Me empollé los sistemas de enumeración anglosajones y me fui al examen. Cinco preguntas de números y cinco frases cortas para traducir. Sin problema con los números. Las frases las resolví buscando en el diccionario todas y cada una de las palabras y empalmándolas con un poco de sentido. Alguna dificultad con los verbos pero superable. Total, sobresaliente.
Más tarde perfeccioné mis conocimientos leyendo manuales de informática y, aunque nunca pude entenderme con un británico, esa sapiencia me hizo viajar con la confianza del que domina varios idiomas.

Quiosquera, al contrario, hizo varios cursos de inglés en el Instituto Británico y es capaz de hacerse entender, incluso de percatarse de lo que tratan de decirle. Pero, al final, no me queda más remedio que intervenir para fijar la conversación. Es normal, puesto que ella aprendió en un instituto mientras que mis estudios son universitarios.

No ha mucho, navegábamos por el Adriático en un antiguo barco pirata e hicimos escala en un boceto de península para recoger una brigada del imserso germánico. Hasta entonces los viajeros se reducían a estos quiosqueros y dos chiquitas británicas que ocupaban los bancos a la derecha de la proa. Quiosquera se enrolló con ellas. Por practicar el inglés. Casi llegando a la península citada empezó a levantarse un temporal, cuyas olas, de 50 cm por lo menos, hacían cabecear el barco. Las inglesitas aprovecharon la parada para cambiarse de sitio.
- ¡Sidaun! –gritó el capitán pirata al tiempo que señalaba las olas-.
- Mira tú por donde –me dijo quiosquera- hemos aprendido cómo se dice “cuidado” en croata.
- “¡Sit daun, coño!”. Ha dicho lo mismo que el capitán Muñecas, el comandante Pardo o el teniente coronel Tejero (nunca sé cuál) en el Congreso.
Y Quiosquera, que no es celosa de mi sapiencia, se lo toma a cachondeo.

Y es que el conocimiento de idiomas, sobre todo del inglés, da la soltura necesaria, no sólo para entenderse con los extranjeros, sino para viajar con tranquilidad. Por eso no entiendo a los guiris británicos que llegan a España con un conocimiento muy justo del idioma.
Andaba yo a pie de quiosco, seguramente preocupado por la caída de la bolsa, cuando de me acercó una pareja de guiris.
- Call Llirona –me dijo el varón con el mapa en la mano-.
- Güí estamos jiar. Llirona queda la primera tu rait –y le señalé la calle Girona aunque el tío puso una cara muy rara-.
- Call… call Llirona…
- ¡A ver, tío! ¿Tú quieres ir a Llirona estrit o a Llirona City?
- Call… call…
- Judíos… palestinian… Israel…
- ¡Yeees!
- Lo tienes mal. El Call (barrio judío) de Llirona está en Llirona, o sea, en odar city…
- ¿Andergraun?
- No andergraun. Otogut –lo había dicho en francés pero, para lo que el guiri entendía, igual daba-. Está more retirado: jandred kilómetres.
- ¿Jandred?
- Hombre, naintinain para ser exactos.

El fulano parecía no percatarse y eso que le estaba hablando clarito. En éstas apareció Xavi de Barbón, que entró de lleno en la tertulia. Xavi, que parecía conocer el idioma, se hizo cargo de la situación al instante e intentó explicarle dónde debía tomar el tren camino de Gerona. El guiri siguió sin enterarse y es que estos británicos se echan a conocer mundo sin dominar bien el inglés.

jueves, septiembre 25, 2008

Sadibarna y Antoñico López

Siempre me han gustado las historias del tonto del pueblo, sobre todo las que demuestran que el tonto no lo es tanto.
Antoñico López era uno de los tontos de cualquier pueblo vecino a quienes los chistosos aplicaban mil historias hilarantes. Se cuenta que, en una ocasión en que llevó un canasto de tomates a la alhóndiga, Rosendo Garibaldi quiso gastarle una broma.
- Cincuenta kilos a duro, cuarenta duros –dijo tras pesar el canasto.
Antoñico López se quedó pensativo; algo no iba bien. Rosendo reaccionó rápido.
- Espera, espera que parece que me he equivocado… Cincuenta kilos a duro, cuarenta y ocho duros…
- ¡Ya me parecía a mí! –suspiró Antoñico.
Camino de casa y a lomos de su burra cabalgaba junto a la cuneta de la carretera. Rememoraba el suceso.
- Cincuenta kilos a perno, cuarenta y ocho pernos… ¡Tontillo que es el niño! Cincuenta kilos a perno, cincuen… ¡Arre, burra, que Rosendo se ha equivocado!

Antoñico López tenía fama de tonto por no ser un genio de las matemáticas y cometía algún error cuando calculaba de memoria. ¿Qué habría que decir de Sadibarna que se equivoca incluso calculando con ordenador?

Ayer en Barcelona se celebraba el día de la Mercé (Santa Mercedes para los amigos) y los quiosqueros teníamos medio día de fiesta que yo aproveché para descansar unas cuantas facturas atrasadas. Después de comprobar que se me facturaban los albaranes correctos y ajustar los descuadres habituales en devoluciones, seguía habiendo una diferencia de 1,54€, cantidad insuficiente para perder más tiempo pero faltaban tres cuartos de hora para el partido del Betis y me entretuve en buscar el descuadre: albarán REP0007538. Según mi ordenador, 60,36€; según el ordenador de Sadibarna, 61,90. Teniendo en cuenta que recibo los datos directamente del servidor de Logista y que KIOS es un desastre, estaba claro que el error estaba en mi equipo.

Punteé ambos albaranes. Idénticos salvo las líneas correspondientes a ABANIC ARTE. Sospecho que ARTE se refiere a la revista, afectada con un 4% de IVA y un 0,5 de recargo de equivalencia. ABANIC debe referirse al instrumento que, al no ser cultural, está afectado por el 16% de IVA y el 4 de recargo. Bien. Sadibarna me perdona el recargo. El de ABANIC y el de las manecillas de RELOJES HISTÓRICOS. Pero no era ese el error dado que mi albarán adolecía de lo mismo.
Nadie me ha explicado cómo se calcula el precio de coste de una publicación pero, siendo cuatro los datos que intervienen, es muy fácil descubrirlo:
PVP menos IVA y, al resultado, se le aplica el porcentaje de descuento. Precio de coste neto al que habrá que aplicar IVA y recargo de equivalencia.
· PVP. Sadibarna: 6,41. Quiosco: 6,41.
· IVA. Sadibarna: 16%. Quiosco: 16%.
· Descuento. Sadibarna: 25%. Quiosco: 25%.
· Precio Neto. Sadibarna: 4,80. Quiosco: 4,14.
Cálculo manual:
· 6,41 : 1,16 = 5,52
· 5,52 * 0,75 = 4,14

¡Arre, burra, que Sadibarna se ha equivocado!

Nota aclaratoria: Al engendro surgido de la fusión (o lo que sea) de Distribarna y SADE empecé a llamarlo Sadibarna porque no sabía si a este quiosco le tocaría Sade o Distribarna. Despejada la duda utilicé el nombre que correspondía: Sade. Cuando vi el resultado de la fusión volví al nombre originario de Sadibarna porque el Sade que yo conocí no merecía que fuese manchado su nombre.

jueves, septiembre 18, 2008

Un óscar para el porno

Siendo niño me encantaba limpiarme los mocos en la manga de la camisa y odiaba ponerme colorao. La mala costumbre me la quitó mi madre restregando picante en la susodicha; cuando amanecí con la nariz como un pimiento morrón, dejé de hacer marranadas. Lo del sonrojo me duró mucho más. De hecho todavía siento vergüenza (a veces), lo que pasa es que, como uno anda negro, apenas se me nota la subida de color.

Pero me gusta comprobar que no soy el único; que presumimos mucho de sinceridad, de llamar a las cosas por su nombre, de mostrarnos tal cual somos… pero, a la hora de enfrentarse al mostrador de un quiosco, nos escagarruciamos. Sobre todo si se trata de comprar porno. No todo el mundo tiene la pericia del Apocado a la hora de ocultar las pruebas. La cosa se complica más si Quiosquera anda por aquí. El presunto comprador mosconea alrededor del quiosco sin decidirse. Quiosquera interviene:
- ¿Desea algo?
- No, sólo miraba
Y se larga.
O bien me doy cuenta de que el tío está esperando la ocasión y soy yo quien interviene.
- ¿No ibas a tomarte un café?
- ¿Yo? ¡Qué va!
Cuando el cliente emprende la retirada, me pongo el turbante y digo como muy cabreado.
- ¡Cuando digo que te vayas a tomar café, tú te vas a tomar café!
Quiosquera me tiene tanto miedo que a la próxima no se acuerda.

Claro que yo tampoco se lo pongo fácil a los presuntos.
- ¿Tiene películas picantes?
- No.
- ¿Y esas? –señala a la Sex Zone.
- Esas no son picantes; son guarras.
- No, bueno, es igual. Es para pasar un rato de cachondeo con los amigos.
- Hombre, entonces llévese esas que son más baratas y entran dos.
- ¡Ah, bueno! ¿Cuánto valen?
- 11,95
Me da 20 euros para que cobre. Mientras preparo el cambio, hace números.
- La otra son 14,95 ¿verdad? Mire tome 10 euros más y me la pone también.

Esta mañana me han dado una clase magistral de cómo comprar putiferio sin que le salgan a uno los colores.
- ¿Me puede enseñar esa película?
- ¿Cuál?
- Esa, HOT SEXXX. Es que me interesa saber quién es el director.
Se la doy. La película va pegada al cartón y no hay forma de leer los créditos. El interesado la coge y la arranca; medio cartón sigue pegado a la película.
- Póngamela. Como se la he destrozado…

T10

Las tarjetas de metro y bus constituyen uno de los productos más rentables de este negocio. Para la Compañía Metropolitana de Transportes, se entiende. Con un descuento próximo al 1,7%, a una inversión de algo más de 700€ se le saca un beneficio de 12,24. Un quiosquero puede permitirse el lujo de extraviar una tarjeta pero como se le pierdan dos, ha hecho negocio redondo. Los colegas me suelen decir que el negocio no está en la venta de tarjetas sino en los efectos colaterales: ya que vienen en busca de la tarjeta, aprovechan y se llevan un periódico.
- ¡Lo será la tuya! Quiero decir… será en tu quiosco.
Tengo tres tipos de comprador de tarjetas:
• Nómada. Es el que pasa por el quiosco y, al doblar la esquina, se acuerda que va camino del metro y tiene el billete agotado. Compra 10 viajes y se despide a la francesa.
• Habitual. Vecino de toda la vida. Aprovecha que viene a comprar el periódico. O viene directamente.
• Yaya. Que, además, es vecina.
- Hijo, para darle la ganancia a ellos prefiero dársela a usted.

Y pare usted de contar. No recuerdo haber vendido nunca un periódico por culpa de una tarjeta.
Y entonces ¿por qué las vendo? La respuesta es evidente: porque soy imbécil.
Claro que también les saco partido.
- Una tarjeta de metro.
- No tengo.
- ¿No tiene?
- Sólo me quedan de 5 centímetros. Las de metro no me caben en el quiosco.

martes, septiembre 16, 2008

Exposición preferente

A veces puede parecer que desde estas páginas pretendo sentar cátedra de cómo debe gestionarse un quiosco. No es así. Y no es así porque mi experiencia no da para impartir lecciones y porque sé que cada quiosco es un mundo. Al respecto de los cartones de 1€, que yo me quito alegremente de en medio, una amiga me comentaba que a ella le encanta que le traigan muchas mariposas porque, al ser baratas, las vende en un santiamén. En la disyuntiva entre devolver y vender está claro que la mejor opción es la de mi amiga. Es por esto por lo que quiero resaltar que cada cual debe actuar en función de su buen entender. Aquí contamos nuestra experiencia y nuestros avatares que suceden por ser como somos y estar donde estamos. Nuestra zona es poco propicia a los coleccionables y, baratos o caros, vendemos cuando se empiezan a acabar en otros lugares. Por eso, a la hora de aguantar cartones, es mas rentable aguantar los que tienen un precio superior u ocupan menos espacio.

Eso, de todos modos, interesa poco a las distribuidoras. El otro día me llamaba una de ellas.
- ¿El señor Quiosquero? Llamo de la distribuidora X. ¿Ha recibido Vanity Fair?
- Sí.
- ¿La tiene expuesta en lugar preferente?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque mi exposición es limitada y los mejores lugares los reservo para quien más me pague. Vanity Fair no me paga nada.
- Bueno, estamos haciendo una buena campaña en televisión.
- Pues que la exponga televisión que es quien se embolsa los cuartos de la publicidad.

No mentí del todo. Vanity Fair no estaba expuesta ni en lugar preferente ni en ningún otro por la sencilla razón de que se me había acabado. Una revista de nuevo lanzamiento, a 3,5€ ejemplar, se merece un lugar preferente por sí sola y allí había estado. Lo que no voy a hacer es colocar las revistas según me diga el distribuidor siendo así que éste me trata a puntapiés (más o menos).

En ocasiones lo que hago es castigar una revista determinada. Por ejemplo, Hola de esta semana pasada que viene con maxifalda.
En Barcelona hay dos modelos de quiosco. El mío dispone de expositor horizontal (mostrador) donde cabe una revista y sobran 4 dedos, necesarios para el cierre de la persiana. Se le puede acoplar un tablero que amplía el expositor de modo que quepan dos revistas expuestas. De por sí, Hola mide uno o dos dedos más que sus compañeras y la persiana cierra muy justito. Pero cuando viene con maxifalda...
La maxifalda es un invento del TBO. En ocasiones Hola regala otra revista que viene retractilada pero, para que la segunda revista sobresalga y pueda leerse el encabezamiento, se coloca un cartón de tres dedos de ancho (la maxifalda) sobre el que se apoya. En este caso, si se tiene la extensión del mostrador, sólo se puede exponer revista y media y si no hay extensión, Hola cabe justo pero no se puede cerrar la persiana.
Por lo mismo, esta semana Hola ha estado castigada a permanecer fuera de la vista del público. ¿Qué se joda el capitán que no como rancho? No exactamente. Hola es una revista con un público definido. El lector habitual pregunta por ella cuando no la ve y Quiosquero le explica por qué está castigada y lo poco que preocupa a sus editores la tala de árboles y el futuro del planeta. La compran, claro, pero se van del quiosco echando pestes de estos tíos que, encima de que viven de contar chismes, destruyen la naturaleza. Entonces remato.
- Como dice un primo mío, esto es un catálogo de putas.
- Eso, eso.
Y yo me quedo sin vender siete u ocho revistas de los clientes nómadas que no la han visto al pasar. En cambio vendo cuatro o cinco Esquire, revista de la que habitualmente sólo vendo una al mes. O ninguna.

viernes, septiembre 12, 2008

La Diada

A los quiosqueros nos encantan las fiestas. Es emocionante ver cómo los demás se pasan un día a la bartola mientras uno trabaja normalmente. Bien; normalmente, no. Si las ventas de un domingo suelen ser excepcionales, las ventas de un festivo suelen ser excepcionalmente bajas, sobre todo si hay posibilidad de puente. Como el 11 de septiembre.

Cuando Quiosquera y yo llegamos al quiosco, aún no han puesto las aceras aunque acaban de apagar las farolas siendo así que todavía no se ven tres en un burro. Los periódicos de Marina Press no han llegado y, cómo no, todo el mundo quiere un diario de los que están por venir.

Pasan unas cuantas familias portando señeras camino del monumento a Rafael de Casanovas.
- El Periódico en catalino.
El 11 de septiembre no es un buen día para hacer chistes sobre los valores patrios y miro alrededor. No hay un alma, salvo el individuo que me mira con 20 euros en la mano y sonrisa de pajarillo picarón. Me recuerda a Dani de Vito pero más delgado.
- Aquí uno de Vera de Almería que lleva 43 años en la cárcel.
- ¡Mierda! ¿Y qué haces en la calle? ¿No estarás de puente?
- Caballero, un amigo. En la cárcel tengo la misión de educar reclusos.
- O sea, que les enseñas lo que no habían aprendido en la calle para que cuando salgan sean delincuentes perfectos…

No se espera la contestación y, mientras gana tiempo, se pone firme, estira el cuello y esboza la sonrisa de pajarillo. Estirado y todo apenas me llega a la oreja y eso que yo soy bastante enanete.
- Negativo. Yo cojo la carroña humana, la enseño a leer y escribir y le doy clase de ética y moral. Cuando salen son personas de provecho para la sociedad.
- ¿Para la sociedad o para la suciedad?
- Ya veo que usted madruga para trabajar y por tanto ha de ser buena persona.
- ¡Quieto parao! Yo madrugo porque no tengo quien me haga el trabajo.
- A mí me encanta trabajar. El trabajo es salud.
- Pues aquí tiene un hospital completo.
- Verá usted. Yo vivía en Hospitalet. En el patio de la casa sepultamos a mi hermanito porque no había dinero para el entierro. Dejé el colegio el día que me ofrecieron unas perras por hacer un mandado y ya no he parado de trabajar. Mi padre era un idealista, de la CNT…
- ¡Joder!
- Pero no se metía con nadie. En la plaza San Jaime ¿sabe usted?, aquí el Ayuntamiento, aquí la Generalidad y por esta calle… Señora, tápese los oídos… Por esta calle, las putas. Y a mí me cogió el padre Rodolfo, de un convento de por allí, y me decía: “Vente conmigo que vamos a rescatar putas”. Íbamos por los burdeles y tocábamos a la puerta… Señora, dése la vuelta. ¡Salían unas tías…! Vestidas, a medio vestir, desnudas… El padre Rodolfo las trataba bien y era claro. “Si a ti te gusta lo que haces –les decía-, no me hagas caso; pero si estás aquí por necesidad me lo dices y yo te busco un trabajo honrado”. Mire si hace tiempo y todavía nos escribimos con algunas: “Padre, en aquel trabajo conocí a un chico y me casé. Ya no soy puta ni nada”.
- ¿Y cómo has venido a recalar a Barcelona teniendo tan cerca la cárcel del Acebuche?
- Mi padre tenía cinco hijos…, seis contando al que está enterrado en el patio y que era gemelo mío, y andaba muerto de hambre. Cogió un barco para Italia; hicieron escala en Barcelona. Mi padre se bajó y como oyó hablar raro creyó que ya había llegado.
- ¿Por qué fuiste a parar a la cárcel?
- El padre Rodolfo… Me buscó allí un empleo. Pero yo tenía una espina clavada… no sabía de letra. Cuando mi hija estudiaba COU le dije que quería aprender…
- Y la cogió de profesora…
Vuelve a tomar la posición de firmes y a poner cara de pajarillo.
- No, mejor. Me fui a ver a sus profesores y les dije: “Si me permiten asistir a sus clases prometo que no molestaré en absoluto”. Al acabar el curso aprobé las pruebas de acceso a mayores de 25 años. Ahora estudio en la Rovira Virgili.
Me enseña el carné de facultad.
- Estudio tercero de pedagogía y, cuando acabe, estudiaré psicología.
- ¡Joder con los cojones del tío! Usted –empecé a hablarle con respeto- ha dedicado toda su vida al trabajo y al estudio.
- Efectivamente. Ni fumo, ni bebo…
- ¿Ni ná, ni ná?
- Señora, tápese los oídos… Yo llegué virgen al matrimonio y tengo 5 hijos. Mire, esta es mi Remedios –me enseña una foto en el móvil-. Le he sido fiel durante más de 30 años.
- Cualquiera no. Es el doble que tú.
- No, qué va. Es pequeñita, a mi medida. Señora, tápese los oídos y dése la vuelta. Lo que pasa es que las mujeres tienen un jardincito que hay que regar y yo he regado el mío cada día.
- Y regando, regando, le han salido 5 capullos…
- Veo que tiene usted sentido del humor. Le doy las gracias por aguantar la paliza que le he dado y como veo que el bar está cerrado le dejaré pagado un café.
- ¡Ole la grasia! Le mandas al Super un euro por giro telegráfico.

Mientras tanto han llegado el resto de periódicos, los hemos colocado y hasta hemos vendido una parte. Hasta AVUI. Sólo que, con el rollo, no hemos observado que el precio de AVUI es 2,20€ en lugar del euro que estamos cobrando. Debe ser para pagar las flores que depositan en el monumento a Casanovas. Y nos han traído tres veces más ejemplares (de AVUI) que lo habitual. Jamás vendí un número similar; ni siquiera cuando Tarradellas aterrizó en Barcelona.

miércoles, septiembre 10, 2008

Desmariconando gueis

He dicho muchas veces que en mi pueblo éramos muy borricos. Borricos y palurdos. Nos lo creíamos todo y lo exagerábamos hasta llegar al límite de lo que la razón podía soportar. Los críos no éramos menos y, en nuestras tertulias, también hacíamos de las nuestras.

Recuerdo que un atardecer de otoño, cuando el frío empezaba a notarse en el rebalaje, nos refugiamos tras la casa de Dulcica y acabamos hablando de maricones. No sé si Juanillo era el que más sabía o el más embustero, el caso es que tomó la palabra y nos aclaró cómo los comunistas (rojos) trataban sicológicamente a sus afeminados.
- Los ponen en una sala oscura en pelota viva y les enganchan un cable en la punta, vamos en el capullo, y entonces les pasan una película. En una escena sale un tío en pelota y cuando el marica empieza a empalmarse, ¡zas! le pegan un calambrazo. Entonces sale una tía buena y por el cable le pasan una corriente suavita que le da gustirrinín. Y así lo tienen hasta que el tío asocia inconscientemente macho con descarga eléctrica y hembra con gustirrinín.
Y todos coincidíamos en que los rojos eran la hostia.

Ni estamos en mi pueblo ni los tiempos son los mismos pero hace unos días asistí a una lección similar. Me visitaba Anyelina, una chica que intenta suministrarme chicles, maní y caramelos con escasa suerte pero que debe haberme tomado cariño porque cada dos meses aparece montando su bicicleta, descabalga y toma posesión del quiosco. Anyelina no es Marilín Monroe pero resulta. Un poco apretadita de ropa, consigue que los bultos sobresalgan lo suficiente para llamar la atención. Atacaba ella (comercialmente, se entiende) cuando un cliente nómada me compró un chicle. Lo vio de refilón cuando ya había emprendido la retirada.
- ¡Hostia que tío más bueno! –de un salto se plantó en la calle al tiempo que se le salían las bolillas de los ojos-.
- Tranquila, es maricón –le solté con mala leche-.
- ¿Maricón? No puede ser con lo bueno que está.
- Todo lo bueno que quieras pero es maricón –insistí-.
Al tío es la segunda vez que lo veo y nada me indica, hasta ahora, que sea de la otra acera; es sólo por tocarle las narices a Marilín. Pone los brazos en jarras, sube la pechera y sentencia.
- Es igual. A este lo agarro yo un rato y lo arreglo.

Y es que la democracia utiliza medios menos traumáticos pero igualmente expeditivos.
* * *
Pedro Jota ha reaccionado con rapidez y anuncia que el diario del domingo 7 se facturará al precio que aparecía en portada, es decir, a 2€ en lugar de los 2,20 del albarán.

domingo, septiembre 07, 2008

Precio recomendado

Creo en Dios pero para nada creo en milagros y para casi nada en casualidades.

A primeros de año Haddock formuló sus postulados para la salvación del quiosco:
· Primer postulado: Vender cada publicación 10 cts por encima del precio fijado.
· Segundo postulado: Romper la baraja y que fuesen los quiosqueros quienes fijasen el precio de venta de sus productos.

Desde entonces acá hemos debatido estos postulados, la mayoría desde la crítica y oposición a la idea y, salvo honrosas excepciones, sin dar ningún argumento tangible. El argumento más sólido entre los esgrimidos determina la ruina del quiosco en base a que muchos quiosqueros no entrarían en el juego y venderían más barato que sus vecinos para robarle los clientes.
Homo homini lupus.

En los días previos a la implantación del muelle coronario, un domingo amaneció lluvioso. Eso significa que la gente no se va a la playa y que en el quiosco suele haber más movimiento. A media mañana apareció la mujer de Mardoqueo que dio un repaso a las revistas de decoración.
- ¿Qué precio tiene ésta? –señalaba ART DECORATION-.
- Tres euros.
- ¿Tres euros? No puede ser.
- Bueno, es que las de decoración son un poco más caras.
- Ya, ya. Por eso lo digo. Tres euros me parece barato.
- Mira, aquí está el precio: tres euros…
- ¡Caramba! A ti te compro los periódicos cada día pero las revistas las compro los fines de semana en Port de la Selva y te aseguro que allí por esta revista me cobran sobre los 7 euros. Eso sí, el precio lo llevan marcado en una etiqueta autoadhesiva.

No tengo por qué dudar de la señora Mardoqueo por lo que deduzco que en Port de la Selva aplican el Segundo Postulado Haddock y no pasa nada. Y como todos salen beneficiados, los quiosqueros no se putean entre ellos modificando precios a la baja.

Y mientras, en Barcelona lo único que nos sigue preocupando es la procedencia de la moto de Fulano y del reloj de Mengano. Los editores aprovechan y trabajan y como, por encima de todo, son empresarios actúan en su provecho.
Una de las quejas de los vendedores es que diarios y revistas llevan mucho tiempo con el mismo precio. De un plumazo se cargan el argumento: los diarios han subido el 10% los fines de semana y alguna revista aumentó su precio en 10 cts. No es mucho, pero menos da una piedra. Objetivo empresarial cumplido: misil bajo la línea de flotación del Primer Postulado Haddock.

Últimamente Dalr ha observado que alguna publicación (DVDs) aparece con el titulillo “PRECIO RECOMENDADO”. No sé si se trata de una broma, una concesión a Haddock o un desafío al quiosquero. Me inclino por lo último: “Ahí tienen ustedes su precio libre. Veamos hasta donde llega su valentía”. Obviamente, si yo fuera de ADI, adquiriría unas etiquetas y pondría el precio que me pareciese conveniente. Como no soy de ADI, he adquirido unas etiquetas y he puesto el precio que me ha parecido conveniente. Veremos.

* * *

Ayer sábado recibí una nota de Marina Press.
Le comunicamos que hemos recibido su devolución del 5 de septiembre. Una vez contabilizada y controlada su devolución le informamos que en el albarán 20330996 apunta que devuelve 7 PULSERAS DEL MUNDO-LA VANGUARDIA nº 8 y físicamente hay 6 ejemplares”.

- Ya empezamos –pensé-.
Recuerdo perfectamente la devolución del día 5, que yo preparé el día 4.
Pulseras del Mundo. Stock, 8. Reservas, 1. A devolver, 7.
Localizo las pulseras. Ocho. En una de ellas una etiqueta indica que está apartada para Carlos. Tomo las 7 restantes, las meto en el envoltorio de bombollicas de aire, las lioteo con papel trasparente de pegar e introduzco el conjunto en otra bolsa de propaganda. No hay error posible. Por si acaso, busco la pulsera de Carlos y encuentro 2. Marina Press lleva razón y he mandado una pulsera de menos. La enviaré el martes junto a la reservada porque Carlos me dice que ya se había llevado la suya.
Es una buena noticia. Marina Press comprueba el género devuelto y lo cuadra con el albarán. No entiendo cómo se le pasaron por alto casi 1.400 € cuando yo generaba mi propio albarán de devolución. Si fuese valiente, que no lo soy, enviaría una nota a Marina Press:
Contrastada su nota con los datos que figuran en nuestro ordenador, procedemos a aceptar su reclamación que se subsanará en nuestra próxima devolución”.
Me abstengo, no se lo vayan a tomar a mal.

* * *

Domingo, 7 de septiembre. Mientras me hago una transfusión de café, un cliente se acerca al quiosco.
- El Mundo de Catalunya.
- Dos veinte.
- Perdone, señora, aquí dice que el precio del diario son 2 euros.
En efecto. Por una parte el diario marca 2 euros, por otra parte el albarán dice que 2,20.
- Coño, Quiosquera, ante la duda, la más tetuda. O sea, 2,20.
- Hombre, cuando yo voy al supermercado y un producto está etiquetado me lo tienen que vender a ese precio y si se han equivocado es su problema.
Visto así...
¿Quién me engaña? ¿Pedro Jota o el Señor Conde de la Marina Press? Y si un cliente puede exigirme que le venda el diario a 2 euros ¿puedo yo pedirle a Pedro Jota que me lo facture al mismo precio?.

jueves, septiembre 04, 2008

Los precios del número uno

Estamos en la tercera semana de la cartoná y continúo con Salva de vacaciones. Entre queja y queja del lumbago, reflexiono.

De mi primera cartoná me quedan amargos recuerdos. También la pasé solo y convencido de que sería una locura en ventas; vamos, como las rebajas del Corte Inglés. Y esa era la sensación de cada día al acercarme al contenedor a depositar la cosecha de cartones. Dentro del quiosco, entre coleccionables y desechos, no me podía regullir y la acera quedaba impracticable para los peatones que intentaban sortear los fascículos. Los números, sin embargo, no salían; no había concordancia entre la cantidad y peso de desechables y los cuatro billetillos enjutos que descansaban en la caja. Al hacer balance mensual corroboré lo que ya sospechaba: doble de trabajo, 75% de rendimiento.

Mi segundo septiembre me sirvió para reafirmar sospechas, esta vez con los números que me proporcionaba el ordenador. Y decidí que no me volvería a pasar. En efecto, la última cartoná fue mucho más suave; los cartones de menos de 2,50€ eran devueltos a origen en el momento de su recepción, así como los que tenían un tamaño desproporcionado. El quiosco estuvo mucho más despejado, la calle estuvo mucho más despejada y, por supuesto, vendí muchos menos cartones pero vendí los más caros y, como el resto de publicaciones estaban menos tapadas, también vendí más revistas. El balance mensual arrojó como resultado un mes en que se había trabajado un poco más con un rendimiento próximo al 100% de la media. Estaba claro. Dado que, según el señor Lara, la red de distribución de coleccionables falla por el quiosco y los editores van a tener que buscar vías alternativas donde pescar con caña, este quiosco deja de hacer publicidad gratuita y se limita a exponer y vender lo que me interesa a MÍ, no lo que interesa a los editores. Y está claro que el vendedor puede influir notablemente en los artículos que se venden.

Este año, mire usted por donde, la cartoná ha cambiado un poco bastante. Sigue habiendo cartones a 1€ pero el precio medio ha subido y muchos números uno salen de 2,95 para arriba.
Sospecho que esta temporada sí voy a mantener una buena exposición de cartones.

domingo, agosto 31, 2008

Se acabó lo que se daba

Se acaba agosto y todo vuelve a la normalidad. La gente regresa de la playa y se pasa por el quiosco para adquirir su dosis dominical de información, los diarios aparecen cebados de noticias y a mí me cuesta espabilarme. Antes, cuando me equivocaba, solía decir: “Vaya, hombre, parece que hoy estoy atontado”. Ahora que lo del atontamiento es norma, lo que digo es: “Vaya, hombre, parece que hoy estoy más atontado que de costumbre”. Y la gente, anta tanta humildad, se torna conmiserativa.

Quiosquera está haciendo turno doble: llega conmigo de madrugada, montamos el quiosco y se va a trabajar. Antes, me paso por Superwaiter a tomarme un desgraciao y echar una meadita.
- Bueno, Súper, voy a echar a mi mujer y mandarla a trabajar.
- ¿No prefieres que esté aquí contigo?
- Hombre, claro, pero ¿entonces de qué comemos?

Y los sábados y domingos hace jornada completa.
Es raro. En mi puñetera vida me había levantado a mear de noche y llevo una temporada que me despierto media hora antes de que suene el despertador con la vejiga a punto de explotar (o explosionar, qué sé yo). Y antes de las siete y media tengo que visitar nuevamente la mezquita de Benameá si no quiero recurrir a los dodotis... ¡Y se acabó! No meo más hasta las tres menos cuarto cuando llego a casa. Pero esas dos primeras meadas son irrenunciables.
Esta mañana, a eso de las 8 y cuarto, al volver de realizar el segundo acto (no es que tarde tres cuartos de hora, es que, como apenas hay gente, me enrollo con el camarero y le doy un poco de coba al café) encuentro a Quiosquera como enfurruñada.
- ¿Qué le haces tú a esa señora?
- ¿Qué señora?
- La del parkinson.
La del parkinson es una señora mayor a la que le tiembla un poco la mano pero que ni tiene parkinson ni nada.
- ¿Qué coño le voy a hacer?
- Hombre, llega, coge dos periódicos y me dice: “Hágame lo que me hace su marido cada mañana”. Y le digo: “¿Qué le hace mi marido?”. “Eso que me hace con la máquina”. Me lo expliques.
- ¡Mierda! Dos euros a la 6/49.
- Te creo porque ya no estás para milagros porque si no ¡ya me dirás!

Y es que las clientas se van de la lengua con una facilidad...

No me había repuesto del susto cuando llegó un vejete rebotado de otro quiosco. Quiero decir que no es cliente habitual y habrá venido porque su quiosquero esté de vacaciones. El vejete no parece relacionarse con el sueco (Parkinson) pero debe conocer al alemán (Alzheimer).
- La Vanguardia y eso que trae.
Acabamos de empezar y las promociones atacan de nuevo. Para mi gusto deberían haberse esperado una semana hasta que los veraneantes hubieran vuelto, pero el mundo del quiosco es así. Tendremos problemas para encontrar la primera entrega a los rezagados. Hoy empezaban los “recipientes de cocina” con El Periódico y los “cuchillos del Barça” con Mundo Deportivo. La Vanguardia anuncia la cartilla para conseguir los “recipientes de vidrio Villeroy”.
Quiosquera se adelanta.
- El que trae los recipientes es El Periódico.
- No, no. La Vanguardia... –el tío sabe lo que quiere-.
- La Vanguardia los trae a partir de la semana que viene.
- No, no. Los trae cada domingo. Es eso... vamos...
Estira el dedo índice de la mano derecha y lo hace girar alrededor de la muñeca izquierda. Yo, que en esto de las señas soy bastante vivo, lo veo claro.
- ¿Un reloj? Que yo sepa La Vanguardia no regala relojes.
- No, no es un reloj. Es eso... –y sigue dando vueltas a la muñeca.
- ¡Las pulseras del mundo! –a la vez que habla, Quiosquera me mira como si fuese tonto-.
El cliente y yo sonreímos aliviados.

Para acabar de descolocarme, otra clienta (habitual, esta sí), mientras le cobro Mundo Deportivo, repasa la exposición.
- ¡Hombre, ayer no me diste la Agenda del Barça!
- No sabía que la querías.
- ¡Ah, pues me la llevo hoy!
Coge una y se da media vuelta.
- Son 12 euros.
- ¿No va de regalo con Mundo Deportivo?
- Mundo Deportivo regala cromos pero la Agenda son 12 euros.
- Pues va a ser que no.
Deja la agenda sobre el mostrador, sonríe y se va. No me ha quedado claro si realmente pensaba que era gratis o si me estaba tomando el pelo.
Eso sí. Hoy nadie ha intentado comprarme el pisapapeles de Trident con forma de chicle gigante.

viernes, agosto 29, 2008

Auténticos insectos


Quisiera escribir algo gracioso y positivo sobre la cartoná y no doy con ello: si es positivo no es gracioso y si es gracioso no es positivo.
Mientras me lo pienso se acerca un fulano que mira mucho y jamás ha comprado nada.
- ¿Cómo va lo de la colección de cuchillos del Barça?
- Todavía no va, empieza el domingo.
- Ya, ya. Me refiero a la mecánica.
- El primero se consigue el domingo pagando 1,5€ al comprar Mundo Deportivo. Para conseguir el resto hay que rellenar una cartilla.
- ¡Coño, otra cartilla!

A medida que habla va dejando al descubierto la portada de Interviú que muestra a dos menganas (si digo fulanas a lo mejor se ofenden) con las ubres al aire.
- ¿Y estas tías…?
- No, esas van sin cartilla.
- No me refiero a eso. Es que están liadas.
- ¿Con quién?
- Entre ellas.
Me fijo en que una de ellas reposa su mano sobre los promontorios del sur de la otra.
- ¡Lástima de carne desperdiciada!
- A mí me da igual siempre que lo hagan en la intimidad.
- ¡Qué intimidad ni que niño muerto! Un conejo lésbico es un conejo fuera de circulación y, por tanto, desaprovechado.

No parece convencido. Creo que no sabe si hablo en serio o en cachondeo. Tampoco me preocupa. Lo que me preocupa es la segunda vuelta de SGEL que acaba de dejarme un montón de cartones sobre las revistas. Antes de que se esturreen sobre la acera, dejo de hacer caso al tío del Interviú que continúa empeñado en llamar mi atención sobre las domingas de las menganas y me centro en los cartones.

PLACAS DE POLICÍA ofrece la estrella del sheriff de Nueva York, FIGURAS DRAGON BALL a Son Gocu, con los pelos amarillos y más tiesos que el esparto sin majar, y AUTÉNTICOS INSECTOS a... ¡un escorpión!

Retrocedo en tiempo. Plan de estudios de 1957. Insecto: invertebrado de respiración traqueal con un par de antenas y tres pares de patas. Cuento... una, dos, tres y cuatro. El escorpión tiene cuatro pares de patas. O mis recuerdos son falsos, o mi libro estaba equivocado o Alberto Peruzzo, Editore, no tiene puñetera idea de bichos.
Sigo estrujando el cerebro. Clases de insectos: coleópteros, dípteros, hemípteros, ortópteros, lepidópteros, neurópteros, himenópteros, etc. (etcétera significa que no me acuerdo de más). Entre ellos no figura el escorpión.
Continúo. Arácnidos: invertebrado sin antenas y con cuatro pares de patas. Clases: arañas como la cáncana, escorpiones como el alacrán y ácaros como el arador de la sarna. ¡A ver como coño le regalo el bicho a mi niño y luego lo convenzo de que el profesor tiene razón al ponerle un cero por decir que el escorpión es un insecto!

Esta visto que el Peruzzo este va a llevarnos al huerto por mucho que en el fascículo diga algo más abajo que la colección trata de insectos, arácnidos y otros artrópodos. El título prima siempre sobre el subtítulo.

¡Ay, señor Lara, tendrá que pescar con caña! La red de distribución de coleccionables falla por la pata del quiosco.

jueves, agosto 28, 2008

Síndrome post vacacional

Veía en la tele un pequeño reportaje sobre lo mal que lo pasan los niños después de las vacaciones. Están rebeldes, irritables, tozudos y más caprichosos. La culpa, cómo no, de los padres, que hablan delante de ellos de lo jodido que es volver al trabajo. Los psicólogos aconsejan aplicar progresivamente los deberes laborales para evitar el síndrome. ¡Estaría bien! Después de un mes de vacaciones, se impone una cuarentena progresiva: cuarenta días en los que iremos pasando del “dolche far niente” al “currandi tuta la yornata”.

Mi amigo E. Ibáñez, filósofo, es muy dado a las máximas. Una de sus preferidas es la que afirma que “para beber hay que saber mearla”. Podría aplicarse al descanso veraniego: “para tomar vacaciones hay que saber volver”. Que no he entendido nunca por qué la gente se deprime cuando, al fin y al cabo, sólo faltan 11 meses para las próximas vacaciones. Y eso sin tener en cuenta que en medio se encuentra Noviembre y las castañas asadas, Navidad y los turrones y mantecados, el carnaval y las brasileñas… y todos aquellos acontecimientos agradables que produzcan efectos similares al Prozac, sin contraindicaciones.

Lo que no me había sucedido nunca es encontrarme con alguien que, tras sus vacaciones, no tuviese claro haber vuelto al lugar de origen.

- Oiga, ¿esto es Bruc, Consell de Cent? –la chica había pasado cagando leches frente al quiosco y dado la media vuelta unos metros más abajo-.
- Sí –lacónico-.
- ¿Y no había aquí un chico negro?
- No.
- ¿No había aquí un chico?
- Sí, pero no es negro.
- Bueno, mulato.
- Tampoco. Indio.
- Eso, morenito.
- Te vas acercando.
- ¿Y ahí había un bar? –señala hacia Can Superwaiter-
- Lo sigue habiendo.
- Pero está cerrado.
- Sí, les he dado vacaciones a los dos.
- ¿El bar también es suyo?
- No. Por eso le he dado vacaciones al camarero.
- Bueno, pero aquí había un chico moreno y ahí un bar ¿no?
- Sí.
- Menos mal. Es que he vuelto de vacaciones y me encuentro que no había bar ni chico negro y he pensado que estaba desorientada. ¡Menudo susto!

Y se fue acompañada de su síndrome.

miércoles, agosto 27, 2008

La economía de Planeta (De Agostini, claro)

Son las 11 y 34, hace casi 7 horas que sonó el despertador y recién acabo de colocar el género recibido. Me tomo un minuto de relax, bebo agua, me como una chocolatina y la vista se me va hacia el paquete de Rossli. La vista y la mano…
- ¿Quién se va a enterar si me fumo uno?
Agarro el paquete, lo abro con parsimonia y lo huelo. Aspiro hondo…
- Dame uno a mí también.
Es Superwaiter que llega con el mono puesto.
- Un día de estos tendré que dejarlo.
- De momento vas bien. Para dejar una cosa primero tienes que cogerla.
- ¡Ahí, ahí!

Frente a mí, contra la pared, se alinean los primeros números de la cartoná y me viene a la memoria la entrevista que don José Manuel Lara concedió a Expansión: “existe una debilidad grave en el canal de distribución de las colecciones por fascículos debido a que los quioscos han disminuido un 20 por ciento en España”. Los quioscos han disminuido y los quiosqueros están hasta las narices de hacer el caldo gordo. Para que el señor Lara se haga una idea de cómo funciona la red de distribución (editoriales-distribuidoras-informática-puntos de venta) resumo incidencias del día de hoy con Sadibarna (no está elegida al azar; Sadibarna es la distribuidora de Planeta DeAgostini y pertenece al grupo que me suministró la aplicación informática).

· El reparto ha llegado a las 10 (Ruta 13); ayer vino a las 12 y media y antesdeayer a las 10 y 20. Al menos uno de los contratos que tengo firmados con las distribuidoras me obliga a abrir el chiringuito “no más tarde de las 8”. ¿Para qué?
· Entre ayer y hoy he recibido 7 ejemplares de la colección Vehículos Star Wars. Dos venían sin el correspondiente fascículo, es decir, el 28% del producto recibido es candidato a sufrir un rechazo en su devolución por material incompleto.
· Según el albarán REP0007471 debo recibir 2 ejemplares de PEQUEÑA MISS SUNSHINE. En su lugar recibo DVD TARTA DE FRESA. El código de barras recibido y el que consta en el producto no coinciden. ¿Existe un error en el envío o Miss Sunshine nos mostrará en el DVD cómo se fabrica una tarta?
· El albarán REP0007492 hace referencia a BATALLAS 2ª GUERRA MUNDIAL; en su lugar hay tres DVD de ASTERIX. ¡Y yo que pensaba que Julio César era anterior a Mussolini...! No sería de extrañar que uno de estos días me enterase que Garibaldi fue en realidad el delantero centro de la selección italiana de fútbol.
· Albarán REP0007470. Autodefinidos Semanal 1160. Quiero comprobar si me quedan ejemplares del número anterior y leo el código de barras: “No existe publicación”. Investigo. La mayoría de números se están recibiendo con tres códigos de barras distintos: el de verdad, o sea, el que figura en la portada y otros dos más de los que no se sabe exactamente su función pero deduzco que será para despistar. Claro, si a cada ejemplar se le suministran trescientos códigos hay más posibilidades de acertar.
· Los otros dos albaranes no tenían incidencias dignas de mención.

Estas cosillas no impiden que las colecciones se vendan, sólo ayudan a que los quiosqueros andemos mosqueadillos y apenas pongamos empeño en venderlas. Mi zona no es muy propicia a este tipo de compras pero si me parece que alguno tiene intención de picar le calculo el coste total del capricho, le describo los sufrimientos que deberá padecer, le advierto sobre el espacio necesario para exponer el artilugio y le pregunto para qué coño lo quiere. Si continúa empeñado le suplico que la compre en otro quiosco. Picar pican pocos y los que pican, apenas pasados un par de meses, me recuerdan la razón que tenía y en que estarían pensando para iniciar semejante fregado. Otra cosa sería, señor Lara, si nos enviasen un solo cartón de propaganda, bien pegado, con el resto de fascículos manejables, si cada entrega llegara con puntualidad y a día fijo, si no hubiera cortes en la colección, si hubiera agilidad en suministrar números atrasados, si... Si, en definitiva, funcionase la cadena de distribución y, por supuesto, se ofrecieran productos algo más llamativos y novedosos que los actuales, ya que las empresas editoras se limitan a repetir año tras año las mismas colecciones.
Ejemplo:
· CUERPO HUMANO DVD. Vamos por la edición número 15.
· CURSO DE INGLÉS NUEVO. Edición número 5.

Otras colecciones varían ligeramente como RELOJES DE CUERDA que se convirtió en RELOJES DE CUERDA Y PLATA y este año se edita como RELOJES HISTÓRICOS DE CUERDA. El primer número es el reloj de Bismarck, no porque el Canciller de Hierro tuviese uno igual sino porque a éste le han impreso una imagen del político en cuestión.
ABANICOS se ha convertido en ABANIC ARTE. Sustituye los típicos abanicos de tarde de toros por otros de tinte menos taurino. El nombre de la colección me recuerda a Josele, aquel humorista que preguntaba:
- ¿Sabeh lo que eh el arte? Pueh morirte de frío.
Ahora podríamos decir:
- ¿Sabeh lo que eh Abanic Arte? Pueh haserte frehco con un abanico.