miércoles, febrero 01, 2012

Pastores alemanes… chispitas al cielo

El timbre del teléfono me saca de mi esimismamiento matutino.
- Quiosquero –son los ángeles de Dalry-, tenemos un problema: no podemos hacer copias de seguridad.
- ¿Y eso?
- No sé. Cuando le decimos que haga la copia, dice que no hay dispositivo. Pasa desde que cambiamos el teclado.
- ¿Inalámbrico?
- Sí.
- A ver… Mira por detrás del… Mejor me acerco cuando tenga un rato.
Llego al quiosco un poco antes de que dé la una. Desde la posición del cliente le miro el culo al ordenador.
- ¿Dónde está enchufado el teclado?
Uno de los ángeles se arrodilla sobre las revista de historia y otras publicaciones serias, y me señala el USB que ha utilizado.
- ¿Ahí que había?
- El otro teclado.
- ¿Y ese cable que sale al lado?
- Ha estado ahí siempre.
- Sigue el cable para ver que hay al otro extremo.
- ¡Ah! El aparatillo que estaba junto al teclado… ¿No será esto…?
Asiento con la cabeza.
- Entonces… ¿he puesto el inalámbrico en el sitio del pendraiv?
Sigo asintiendo mientras me río. ¡Me encanta ver la capacidad deductiva de las personas?

Hace un frío que pela y entro en el quiosco a calentarme un poco. Por la derecha aparece Mamá Chispa seguida de Hito. Mamá lleva unas enormes gafas de sol que le tapan media cara. Saludo pero no me oyen.
- ¿Qué le pasa? –pregunta el otro ángel- La veo como triste.
- ¡Ay, hija! Tengo mucha pena.
Se quita las gafas y se enjuga las lágrimas, que ya le llegan a la comisura de los labios.
- Chispita… El miércoles la mató un perro.
- ¿Qué me dice?
- Sí, había salido a comprar con mi hermano… ¡Señor Quiosquero, no lo había visto! He oído que nos saludaban desde dentro, pero con la pena ni había levantado la cabeza.
Salgo del quiosco y le doy un par de besos intentando consolarla. También saludo a Hito.
- Como usted sabe, cuando hace frío la llevo aquí, en el carrito de la compra, y ella va con la cabecita asomada fijándose en todo. Pues el miércoles íbamos así por la calle de abajo y salió un vecino con su perro que es así de grande…

- ¿El del bar? –interviene el ángel- Parece un pastor alemán.
-¡Dos! Dos perros como caballos…
Mientras habla, ha abierto el monedero. En la mano derecha sostiene un billete de 20€. Agita la mano izquierda, que sostiene el monedero. Me da la sensación de que van a salir volando las monedas; se me adelanta Hito.
- Nena, vas a tirar las monedas.
- ¡Quieres callar! ¿No ves que estoy hablando con estos señores?
- ¡Contra! ¡No puedo abrir la boca! Pues a mí también me gusta hablar.
Cabreado se retira tras el lateral del quiosco. Mamá Chispa continúa.
- Al cruzarnos con los perros, uno de ellos se abalanzó sobre el carro de la compra y agarró a la perrita por la cabeza; la sacó del carro y empezó a sacudirla. ¡Pobrecita! Sólo se veía dar vueltas a ese abriguito que yo le pongo. El dueño trató de abrir la boca al perro pero no podía; Hito pudo meterle el palo en la boca y entonces el vecino se la pudo quitar. Dejé a Hito con el carro y me fui a llevar a Chispita a la veterinaria. Cuando llegamos, ya estaba muerta.
- Animalita –dice el ángel-. Debió sufrir mucho.
- No, no. La veterinaria me dijo que no sufrió nada; era muy asustadiza y se ve que, cuando vio venir el perrazo con la boca abierta, le dio un ataque al corazón.
- ¿Se murió de un infarto? –digo un poco sorprendido-.
- Se ve que sí. Era muy poquita cosa pero cariñosa; cada día me hacía una cucamona diferente al ponerle el desayuno. La veterinaria me dijo que sólo tenía una herida en el cuello y otra en el lomo pero que no eran lo suficientemente profundas para que muriera de ellas. Tenía la intención de denunciar al dueño del perro, pero me ha dicho que me pagará el veterinario y lo que me cueste otra perrita, aunque no será lo mismo: Chispita no se me olvidará nunca. Ya he ido a la misma tienda donde la compré y he encargado otra.
- Bueno, mujer. Ya verá como la consuela un poco.
- No lo sé. Quiero que el dueño del pastor alemán me pague también la incineración. Se la dejé a la veterinaria y ayer ya me trajeron las cenizas… No me gusta echar la culpa a nadie, pero cuando yo la llevo, si nos cruzamos con un perro, la cubro con la tapa del carrito y así no la ve. Esta vez la llevaba mi hermano y estaba dándole unos trocitos de madalena cuando el perro la agarró por la cabeza con la boca y la sacó del carro…
Se quita de nuevo las gafas y se seca las lágrimas.
- Señor Quiosquero, dele muchos recuerdos a su mujer y a su hijo. Me he alegrado mucho de verlo. ¡Hito! ¡Nene!
Se pierde por el lateral del quiosco. Al instante reaparece seguida de Hito.
- Señor Quiosquero, que mi hermano no se quiere ir sin despedirse de usted.

4 Comments:

At 6/2/12 10:38, Blogger dalr said...

Pobre Chispa. Otra cliente ilustre que se nos ha ido... Descanse en paz y ojalá Chispa II le traiga a la señora tantas alegrías como su predecesora.

 
At 6/2/12 11:40, Blogger Quiosquero said...

¡Amén!

 
At 19/3/12 18:48, Blogger BANDOLERA said...

Advierto tu peculiar ironía en el texto... Y no preisamente haia el perro, porque entonces me enfadaría), sino hacia los estereotipos.

Deberías haber sido escritor costumbrista.
Qué diantres!! Lo eres....

Ya me leerás a la vuelta.

 
At 19/3/12 18:50, Blogger BANDOLERA said...

stersi sofinrdAdvierto tu peculiar ironía en el texto... Y no precisamente hacia el perro (porque entonces me enfadaría), sino hacia los estereotipos.

Deberías haber sido escritor costumbrista.
Qué diantres!! Lo eres....

Ya me leerás a la vuelta.

 

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