Promoción: Dícese, en el argot del quiosco, de todo libro, deuvedé, cedé o cualquier otro adminículo de venta conjunta e inseparable con un diario con el fin de aumentar las ventas (del diario).
Ayer, lunes, fue festivo en Barcelona. Aun así hubo reparto y recibí una remesa de putiferio. Un título me llamó la atención: Supercoños hinchados. Entendí que las protagonistas debían ser o haber sido quiosqueras dado que en esta profesión, la de vendedor de prensa, decimos que tenemos hinchadas las narices cuando, en realidad, lo que se nos hinchan son las partes llamadas nobles.
Ser tonto no es una vergüenza, a lo sumo, una desgracia. Lo que jode es que nos tomen por tontos. Y lo que jode mucho más, es que tomen por tontos a nuestros clientes.
Las promociones son un invento sin el cual los quiosqueros las íbamos a pasar más magras de lo que en realidad las estamos pasando. En algunos lugares, la promoción hace que se vendan más periódicos (Público no se vende ni regalado, pero los viernes, con película de regalo y a doble de precio, casi nos lo quitan de las manos); en otros, se venden los mismos diarios pero la promoción en sí ya supone una venta (Libro CD Ópera de La Vanguardia).
Podemos distinguir dos tipos de promociones: de cupón y de cartilla.
La promoción de cartilla tiene la siguiente mecánica: el domingo, junto al magazine, se compra la cartilla (2 o 2,20€) y de lunes a viernes salen los cuponcitos que se han de pegar en la cartilla (5€). Presentando la dicha en el quiosco, el quiosquero le entregará el adminículo al módico precio de 1 o 2€. Si el cliente es comprador habitual del diario promocionante, por un par de euros habrá obtenido su adminículo. Si el cliente sólo compra el diario por la promoción, estará haciendo el primo porque seguro que en los chinos lo encuentra más barato.
La promoción de cupón es más simple: el cliente compra el diario, el quiosquero le recorta un cacho de periódico y le vende la promoción. Teóricamente, y según reza en el cupón, habrá obtenido un descuento de cagarro. Estas promociones, en su mayoría, son un ¿timo?
Pongamos dos ejemplos.
Bichos.
En la cartoná de 2006 o en la cartonaílla de 2007, RBA lanzó su colección BICHOS. A 7,95 el bichejo, salvo los dos primeros, sensiblemente más baratos.
En febrero de 2008, La Vanguardia lanza su promoción BICHOS (supongo que para colocar los sobrantes de RBA) al precio de 7,95 más el euro del diario: 8,95 el bichejo, salvo el primero que costaba 1+1€. ¿Timo? En absoluto. ¿Tomadura de pelo? A todas luces.
Cossío.
Enciclopedia taurina de 30 tomos. Promoción de El Mundo de Catalunya. Precio: 12,90 + Diario del domingo = 14,80€. Mi cliente, el señor Al-Qantara, la hizo completa por la módica cantidad de 441€. Ahora, Planeta lanza su colección COSSÍO. Precio 12,99 el ejemplar, salvo los tres primeros volúmenes que, en conjunto, salen por 16,98. Total: 367,71. Y, si el cliente se suscribe, obtendrá un juego de cuchillos para cortar queso y un juego de maletas. ¿Cómo convenzo al señor Al-Qantara de que no ha sido víctima de un timo?
Lo dicho, no sé si los supermoños se han hinchado porque les ha picado un bicho o porque el Cossío les dio una corná.