jueves, mayo 09, 2019

Ayer y hoy


Nací en un palacete de las afueras de la ciudad, en los últimos años de las cartillas de racionamiento. Mi casa se componía de cocina-comedor, sala de estar, alcoba y despensa o cuarto de las morcillas, que era como la llamábamos nosotros. La sala de estar servía además como despacho de mi padre, cuarto de costura y plancha, y sala de música (teníamos un arradio). En total la casa tendría unos 30 o 35 m2 habitables. Además, había un almacén que a mí me parecía enorme; allí había tenido mi abuelo la tienda y mis padres lo utilizaban como almacén para el guano.
La cocina hacía juego con el resto de la casa: a la izquierda estaban el rincón y la bazareta; a la derecha, las cantareras y, al frente, una puertecita comunicaba con el corral de las gallinas de mi abuela. En medio había una mesita y cuatro sillas, cada una de su padre y de su madre (todavía no acierto a explicarme cómo nos podíamos arreglar para comer allí); cada uno de los miembros de la familia tenía asignada cuchara propia (los tenedores eran de libre uso, toda vez que sólo se utilizaban para comer papas fritas; el pescado y las tajás se cogían con los dedos) y la cubertería se completaba con la faca para cortar el pan. Las migas se comían directamente de la sartén; en mi casa se utilizaban platos individuales para el cocido y los potajes. Para limpiarse las manos se usaba una roílla. Y, cuando había vino, se servía en porrón, al que mi padre esmochaba el pitorro porque el chorro era muy fino y caía poco.
Debía ser una de las pocas veces que no comíamos migas a medio día (estoy seguro de ello, ya que las migas no manchan los morros), cuando mi padre observó que yo tenía los labios manchados.
- Límpiate la boca -me dijo-.
Ni corto ni perezoso, cogí la roílla, abrí la boca y empecé la limpiármela por dentro.
- ¡Así no, hombre! ¡Se limpian los labios por fuera!
No es que yo lo hubiera entendido mal, es que mi padre no hablaba claro. Una cosa muy distinta es que me hubiera dicho:
- ¡Límpiate el hocico! -entonces sí que lo hubiera entendido-.

Estas cosas pasaban porque éramos muy palurdos y a los niños nos costaba aprender vocabulario. Los niños actuales son más espabilados y, parece ser, dominan mejor el lenguaje. Mi nieto pequeño acaba de cumplir 15 meses y ya sabe más de lo que sabía yo cuando le doblaba la edad. Cuando su madre le dice “límpiate la boca”, el mocoso coge la servilleta, la pone frente a su cara y mueve la cabeza de un lado a otro; como si dijera “NO” muchas veces. El tío sabe qué es la boca y para qué se utiliza la servilleta.
Lo que no sabe, y tal vez no sepa nunca, es qué es una roílla.

jueves, mayo 02, 2019

¡Y se armó el 2 de mayo!

dalr

“Hay que pillarle el tranquillo. Como a todo. Supongo que dentro de unos meses leeré esté mensaje y me partiré de risa. Cuando lo haya hecho 100 o 200 veces me parecerá que no había para tanto, pero de momento esto de abrir es bastante más complicado de lo que parecía cuando lo hacían otros.

La idea era sencilla: madrugamos (más de lo habitual, que ya es decir); antes de que lleguen los periódicos nos organizamos bien (las devoluciones en su sitio, el cambio preparado, sello, tijeras, bolígrafo, cutter y demás utensilios a mano...); abrimos y lo dejamos todo listo para que en el mismo momento que lleguen los periódicos podamos colocarlos y... ¡a vender!

Nada más abrir la puerta ¡CROCK! Primer imprevisto en forma de contusión en la espinilla (
Anotación prioritaria en el cuaderno de bitácora: hay que ordenar las cosas). Sorteamos un sinfín de cacharros hasta encontrar acomodo dentro del cubículo. Conectamos la luz y vemos con nuestros propios ojos ese desorden caótico que deberemos, a base de mucho esfuerzo, convertir en caos ordenado. Hacemos un primer análisis de la situación. La máquina de la loto está encendida y habrá que iniciar sesión cuando toda la prensa esté colocada. En aquella esquina es donde irá el tabaco cuando lo saque de los paquetes justo antes de abrir la persiana. En ese hueco debajo del mostrador que ahora está lleno de cajas de cartón es donde habrá que colocar las devoluciones por lo que a lo largo del día habrá que irlo despejando y aaaa.... aaaaaaa... aaaaa... aaa... aaa... aaaaaa...
¡ACHUÁAAAAAAAAAAAAAS!!!!
(Anotación muy prioritaria en el cuaderno de bitácora: hay que limpiar el polvo) Empezamos a preparar el cambio. Cada monedita en su sitio. Los paquetes sobrantes, a mano pero escondidos. Hay que sacar las cajetillas de cigarrillos de los paquetes y colocarlos en... ¿Qué es eso? ¡Mierda! Parece que ya están dejando las primeras entregas de periódicos. ¿Esta hora es ya?¡Y aún no hemos abierto!. No nos pongamos nerviosos. Aún es temprano. Abriremos la persiana para controlar los paquetes, no vaya a ser que vuelen. Quitamos las baldas de seguridad y le damos al botón.
¡¡¡CATACRÁS!!!
(
Anotación extremadamente prioritaria en el cuaderno de bitácora: hay que quitar los candados de la calle antes de darle al botón) Una vez ha empezado a subir la persiana el quiosco está oficialmente abierto. Los periódicos no están colocados (ni siquiera hemos abierto la trampilla donde se colocan) y menos aún las revistas, cartones y extras varios, ni se han abierto los laterales, ni el toldo, ni... pero una vez la persiana va para arriba, cualquiera que pasa se ve capacitado para empezar a pedir cosas. Suerte que es temprano y no habrá nad... (Anotación desesperada en el cuaderno de bitácora: ¿¿¿se puede saber qué hace la gente levantada a estas horas???) Un caballero ha pedido una cajetilla de Marlboro Light que, por supuesto, no he colocado aún en su sitio. Mientras busco la bolsa donde están los paquetes de tabaco, pensando en mi primera venta de nada más y nada menos que 2,90 €, otro señor pregunta por La Vanguardia. Su cara me suena, así que debe ser cliente habitual. Corro hacia los paquetes de periódicos para poder darle el suyo. La montonera de diarios se levanta en dos columnas de más de un metro cada una. Cada una de una distribuidora. ¿Quién leches trae La Vanguardia? Es Marina Press. Debí suponerlo cuando vi que el paquete que tenía más a mano era el de Logística y empecé a revolverlo. El señor del Marlboro sólo deja de mirarme para clavar la vista en su reloj. Intuyo que tiene prisa. Al de La Vanguardia no le gusta nada que esté dando tirones de su periódico para sacarlo del paquete. Además acabo de arrancar media portada. Sería más fácil si cortara los precintos del paquete pero esto ya se ha convertido en un tema de honor. ¡O el periódico o yo! Un último tirón y... ¡RAAAAAAASSSSS! He ganado yo. El periódico ha muerto despedazado (invendible) y yo, vencido, voy en busca de las tijeras. El señor del Marlboro se ha ido (casi 3 € perdidos, maldita sea mi estampa...) Por si fuera poco, alguien ha estado trasteando mis cosas porque las tijeras no están donde debían estar. Busco y busco y mientras busco caigo en que no he llegado a ponerlas en su sitio. Siguen en la bolsa con el resto de cachivaches imprescindibles para el día a día del quiosquero: grapadora, desgrapadora, tippex, cel·lo, post it, pegamento, blue tac, pegatinas de colores, clips, pinzas... El señor de La Vanguardia me mira con mala cara. "Primer día, ¿eh?", pregunta con retintín el muy cabrón. Lo mandaría a hacer compañía al del Marlboro, pero recuerdo a tiempo que una tradición de los comerciantes judíos dice que si el primer cliente en entrar en tu tienda no compra ese día será ruinoso. Aunque no soy judío siempre he sido muy respetuoso con las tradiciones ajenas así que, convenciéndome de que el señor de La Vanguardia había llegado medio segundo antes que el del Marlboro, me dirijo tijeras en mano a descerrajar el paquete y hacer mi primera venta del día. Doblando con parsimonia el dichoso diario (que ya podían hacerlo más pequeñín y manejable, digo yo), armo mi sonrisa más amable, extiendo la mano y digo: un eur.... El señor se larga sin más. ¿Estará intentando robarme en las narices? Va demasiado tranquilo para eso, pero lo que está claro es que no ha pagado. Pienso saltar sobre él y exigir mi euro cuando, a tiempo, recuerdo de qué me sonaba su cara. Es suscriptor. Una extraña sensación recorre mi cuerpo. Acabo de empezar, no he hecho ni una venta y ya estoy hecho pedazos. Tendría que cerrar y volver a intentarlo mañana pero no pienso abandonar tan pronto. Menudo diita me espera....

Así iniciaba dalr su andadura en Pies para quiosquero
quiosquera
Era el 2 de mayo de 2005 y, a las 6 de la mañana, estábamos acojonados; sobre todo yo, que no sabía si físicamente sería capaz de aguantar el esfuerzo que me iba exigir mi nuevo puesto de trabajo. Aguanté… casi 5 años hasta el momento en que la columna vertebral dijo basta y empezó a rebelarse y llamar la atención a base de pinchazos cada vez que me agachaba a coger un periódico.
quiosquero
Lo que no sabíamos aquel día era que Pies para quiosquero nos iba a abrir todo un mundo de experiencias: unas, divertidas; otras, no tanto. De todos modos puedo asegurar que el balance del quinquenio fue positivo en muchos aspectos, sobre todo en lo que se refiere a la marcha del blog. Halaga la vanidad comprobar que alguien te sigue en Río de Janeiro, Buenos Aires o Moscú. Y te quedas de piedra cuando te acercas a un quiosco cercano a la Rua da Prata en Lisboa y después de un rato de conversación te enteras que lee el blog de un quiosquero español y el tío se emociona cuando le dices:
-Yo soy Quiosquero.

Por esto me da pena que el blog esté inactivo desde hace 4 años. Aunque cada día escribo menos (y leo más, voy a intentar publicar de vez en cuando. No tendrá ya nada que ver con el quiosquero profesional, pero sí con el dueño de sus pies.
Nos vemos.

jueves, junio 25, 2015

Piratas del Caribe MMXV

En su exposición final, el abogado de CEMUSA, en el caso “CEMUSA contra los quiosqueros” (unos cuantos), dijo algo así como que “probablemente en esa asociación hay alguien que mande, que lleve pata de palo y parche en el ojo”. Meses antes yo había escrito algo similar en el post Publicidad y Quioscos: “En este mundillo hay mucho garfio y parche en el ojo tuerto (apreciación personal)”, donde por razones obvias, utilicé “garfio” en lugar de “pata de palo”.
Lo que el abogado vino a decir con todas las letras es que el hipotético mando de la asociación era, ni más ni menos, un pirata.
Y de piratas hablamos.

Desde que se destapó el caso Filesa no hemos parado de despertarnos con noticias referentes a la corrupción de algunos de nuestros políticos. De los que tenían cargo ejecutivo y de los que tenían cargo legislativo. Galicia, Cataluña, Islas Baleares, Valencia, Madrid, Andalucía… son ejemplo sangrante de cómo los que votamos somos cómplices de los mangantes desde el momento en que insistimos en mantener en el poder a quienes han manejado de forma oscura los fondos públicos.
Habría que añadir la corrupción de los empresarios (y altos ejecutivos) que han llevado a la ruina a muchas de sus empresas mientras ellos disfrutaban de sueldos millonarios y encima cargaban a la firma sus gastos corrientes.
Y las cajas de ahorro gestionadas por políticos.
Y los bancos.
Y…

Nos quedaba el poder judicial. Todo el mundo sospecha que la justicia no es igual para todos, pero hemos visto que, con mayor o menor rigor, grandes torres han caído, lo que ha hecho que tengamos una cierta confianza en los tribunales. Claro que esa confianza se pierde en el momento que uno se ve envuelto en un proceso, ya que alguno será el motivo de que entendamos la maldición gitana: Juicios tengas y los ganes.
Y es que alrededor de la justicia no sólo se mueven los jueces; alrededor de la justicia se mueve mucho dinero y es al olor del parné cuando acuden los piratas.
Para acceder a un tribunal, el llamado ciudadano de a pie necesita que lo represente un abogado. En mi ignorancia, siempre había pensado que el abogado es el intermediario entre su cliente y los tribunales, pero no es así. No sé si por ahorrarle tiempo a los picapleitos o para darle trabajo a los licenciados que ni siquiera son picapleitos, entre abogados y jueces actúa un intermediario: el procurador. Este personaje es el que se encarga de recoger los papeles que entregan los abogados y pasárselos al juez y viceversa; y por ese trabajo cobra. Y su trabajo lo pagan aquellos que se han visto envueltos en un pleito. Parece ser que lo normal es que el litigante pague a su abogado el total de la factura y éste se encargue de abonar su alícuota parte al procurador.
Pero no siempre es así.
Tengo constancia de dos casos en que al litigante (o litigado) le han reclamado por dos veces el pago del importe que corresponde a su desconocido procurador. Veamos las partes y su documentación:

1.- El abogado defensor pasa aviso de costes a sus defendidos donde se incluye su propia parte y la que corresponde al procurador.
Estado de cuentas según el abogado defensor

El demandado debe la cantidad de 600€ por las intervenciones de abogado y procurador. En caso de no pagar se entiende que no está de acuerdo con la minuta y será el juez quien determine el importe de la misma.

2.- El demandado transfiere la cantidad requerida, que incluye honorarios de letrado y procurador.
Transferencia a favor del abogado defensor

3.- La ESTA PROCURADORA QUE SUSCRIBE se dirige al Juzgado para reclamar a los demandados la cantidad de 55,30€ que le debe cada uno.
Reclamación de la procuradora

4.- Jura de cuentas (copio del artículo de J.R. Chaves en contencioso.es JURA DE CUENTAS: CUANDO EL CLIENTE NO PAGA A SU ABOGADO)
[la jura de cuentas o cuenta jurada es el procedimiento que] permite al abogado encauzar de forma sumaria el pronto cobro de lo debido… el mismo privilegio asiste a los procuradores para cobrar lo que les adeudan…
O sea, el abogado o procurador dice al juez lo que un sujeto le debe y éste (el juez) emite una CÉDULA DE NOTIFICACIÓN Y REQUERIMIENTO para avisar al moroso de que dispone de 10 días para poner los números en orden.

5.- curioso es que los 55,30€ que reclama el procurador derivan de dividir por 24 una factura a nombre de una determinada asociación de quiosqueros, asociación que forma parte de la demanda y por conceptos diferentes que los quiosqueros; en  ningún sitio dice que tal asociación actúe en nombre de sus asociados ni quiénes son éstos. Aun así, el juez firma la “jura de cuentas”.
Factura que emite la procuradora

6.- Conclusión: El abogado cobra de sus defendidos una cantidad de dinero que se ha de repartir con el procurador. Si se ha quedado el importe completo, es un pirata; si ha pagado al procurador la parte que le corresponde, el pirata es el procurador. Si la factura presentada al juzgado no tiene nada que ver con los demandados, el procurador sigue siendo un pirata dado que trata de cobrar a unos los gastos generados por otros, y el juez es “colaborador necesario” por haber concedido la patente de corso.

El segundo caso es mucho más pintoresco en cuanto a su documentación. No lo voy a contar porque me falta un documento, mejor dicho, me falta la firma en un documento, y para adentrarse en tierra de piratas es mejor apuntarse a un crucero por el Caribe.

martes, mayo 19, 2015

Alea iacta est


Según me comunican, CEMUSA ha solicitado la ejecución de la sentencia para el procedimiento 370/2009 del Juzgado Mercantil nº 7 de Barcelona que condenaba a una treintena de quiosqueros a resarcir a la empresa publicitaria por “lucro cesante” derivado de la ruptura de contrato que, según sentencia, llevaron a cabo estos quiosqueros.
La sentencia, considerada excesivamente dura por expertos, puede llevar al cierre de una docena de quioscos y a que otros vendedores afectados tengan serias dificultades para hacer frente a las indemnizaciones.

El proceso, que arrancó en junio de 2007 y que ha durado 8 años, se ha cerrado (se está cerrando) con la condena de sólo una de las tres partes demandadas. Al margen de la justicia o injusticia del fallo judicial, tema en el que no estamos capacitados para opinar congruentemente, presenta aspectos muy interesantes para analizar el funcionamiento de los juzgados españoles. Desde luego no se parece en nada a lo que nos enseñan en las películas o en las novelas de ficción. Quizá algún día me decida a escribir sobre ello; lo que no sé es qué enfoque darle: novela, ensayo o tragedia griega. 
El tiempo dirá.

miércoles, mayo 06, 2015

¿Hacia dónde vamos?

Cada día me cuesta más entender el funcionamiento de la economía; sé que si gasto más de lo que gano, acabaré sin poder hacer frente a los pagos, y si vendo más barato de lo que compro, la ruina no se hará esperar.

Recibo una llamada del “grupo Godó” ofreciéndome una suscripción a buen precio durante un año:
- ¿Es usted lector habitual de prensa? –me pregunta.
- Más o menos.
- ¿Qué prensa compra usted?
- No compro.
- …
- Soy quiosquero
- ¡Ah! Eso es un buen disparo. Verá tenemos una oferta de suscripción a El Periódico + Sport (?) con un descuento del 50% durante un año y se puede pagar mensualmente sin recargo, una oferta de suscripción a La Vanguardia con un descuento del 25% durante un año que hay que pagar por adelantado, y una oferta de suscripción a La Vanguardia + Mundo Deportivo con un descuento del 50% durante un año y que también hay que pagar por adelantado.
- Sí, pero para que quiero suscribirme si…
- Usted puede ofrecerle la suscripción a sus clientes o a bares cercanos. Esta oferta es para recoger en quiosco; en ningún caso se les llevará la prensa a casa.

Bueno. Una oferta que, parece ser, no hace competencia desleal. Claro que, si calculo la diferencia entre ingresos y gastos, no me salen las cuentas:
1,30 de El Periódico + 1,00 de Sport = 2,30 que, al aplicarle el 50% de descuento, queda en 1,15€ que es lo que cobra la empresa editora por la venta. A esto habrá que restarle los 2,30 que va a cobrar el quiosquero, lo que daría una pérdida de 1,15€ diarios.
No es tan fácil.
En realidad, la empresa cobra 1,15€ del suscriptor, más 1,84€ del quiosquero, menos 2,30€ que debe pagar al quiosquero, es decir, 0,69€, que es algo más de la tercera parte de lo que ganaría en una venta sin suscripción (al margen, claro, de lo que pague a la distribuidora).
Si los números son correctos, el precio de la prensa escrita podría bajar sensiblemente. Y eso, ¿favorecería o perjudicaría a los quiosqueros? Lo que es seguro es que si la prensa sube, disminuyen las ventas; lo contrario no tiene por qué ser necesariamente cierto.

He celebrado la Fiesta del Trabajo (San José Artesano se llamaba cuando yo era pequeñito) con un fin de semana en tierras de Ángela Merkel y alrededores. Me ratifico en lo que ya he dicho en varias ocasiones: en la Europa seria en los quioscos se venden suvenires, postales, bolsos, bebidas y bocadillos; nada de prensa. En único local de venta lo vi en el aeropuerto de Frankfurt-Hahn y me resultó curioso. Las revistas estaban re-etiquetadas y no pude ver el precio original alemán pero sí vi su traducción en libras (en algunas) y era equiparable:
   HELLOU 4,90€
   VOGUE 13,40€
   INSTYLE 10,15€
   INSTYLE MINI 10,15€
   COSMOPOLITAN 7,30€
   COSMOPOLITAN MINI 7,30€
Y sin trampa ni cartón, quiero decir, sin regalos ni envoltorios especiales.
(Repito: precios re-etiquetados en aeropuerto Frankfurt-Hahn).
¿Podríamos vender en España a este precio? Indudablemente no y mucho menos sin el correspondiente tetrabrik de consomé o el bikini transparente cuando se moja. Pero hay una cosa que me llama poderosamente la atención: la revista normal y la mini tienen el mismo precio. 
Seguimos siendo gilipollas.

jueves, abril 23, 2015

De logaritmos y otros cálculos aritméticos

Fue John Napier o Neper quien, a principios del siglo XVII, inventó semejante bodrio, dirigido a tocar las castigadas neuronas de los alumnos de bachiller. Definió el logaritmo de un número como el exponente a que hay que elevar una base dada para obtener el número primitivo:
loga b=x || a**x=b
(logaritmo en base a de un número b es otro número x, tal que a elevado a x es igual a b)

El invento no tendría mijita gracia si no fuera porque, aplicando el método, las multiplicaciones se convierten en sumas y las potencias en multiplicaciones (o eso creo recordar). Sin embargo, para que la mecánica de las aplicaciones realmente se simplifique hay que recurrir a las tablas de Vázquez Queipo, Bruño o cualquier individuo o editorial que se haya tomado la molestia de hacer los cálculos pertinentes y publicarlos.
Decía mi profesor D. Antonio Rico que en Francia se aprovechó un momento en que las melenas estaban de moda y los barberos sin trabajo, para, lápiz y papel en mano, emplear a todos los expertos en pelos y dedicarlos a efectuar los cálculos necesarios para preparar las primeras tablas logarítmicas francesas.
Quiero dejar constancia con esto que multiplicar y dividir es una faena sencilla para la que sólo se necesita haber estudiado las tablas de multiplicar y tener el entrenamiento y el tiempo suficiente.

Dicho esto, vuelvo a admitir que estoy nuevamente preocupado porque a mi tendencia a padecer el síndrome del alemán (Alzheimer), se une la sospecha de que en breve puedo padecer el síndrome del inglés (Parkinson) si antes no encuentro solución al tembleque que me aqueja cada vez que muevo un albarán de nuestras nunca bien ponderadas distribuidoras.
Sigo sin recibir respuesta por parte de Marina sobre aquellos vales EL PAÍS-CINCO DIAS que, para mí, estaban mal abonados. Ahora me encuentro con otro dilema: el albarán de prensa del 02/04 no me cuadra por unos cuantos céntimos; concretamente por 0,33€.

Extracto del albarán REP0003688:

Línea de EL PAÍS: 18 ejemplares, de los cuales 17 son de venta normal y 1 es una suscripción que el cliente recoge en el quiosco. Coste del paquete: 17,1649 más IVA (dice el albarán).
Hago mis cálculos:

La línea 1 es una copia del albarán del distribuidor.
Línea 2: Coste de los 17 ejemplares de venta normal
17 * 1,40 * 0,75 / 1,04 = 17,1635
 Línea 3: Coste del ejemplar de suscripción
1 * 1,40 * 0,75 / 1,04 = 1,0096
Línea 4: Lo que el distribuidor ha de pagar por la venta del diario, o sea, 1,40 menos el IVA que se cargará más tarde (en totales)
1 * 1,40  / 1,04 = 1,3462
Total a pagar: Coste ejemplares de venta normal + coste ejemplar de suscripción – venta ejemplar de suscripción.
17,1635 + 1,0096 – 1,3462 = 16,8269
Entre lo que me paga el distribuidor y lo que yo creo que me ha de pagar hay una diferencia de casi 0,33€ (10 duros).

Lógicamente lo estoy haciendo mal, salvo que el programa informático (el mío o el suyo) falle cuando se trata de El País del jueves. Para comprobarlo me voy al albarán de la semana anterior.

Línea de EL PAÍS: 22 ejemplares, de los cuales 21 son de venta normal y 1 es una suscripción que el cliente recoge en el quiosco. Coste del paquete: 22,3478 más IVA.
Hago mis cálculos:
 
La línea 1 es una copia del albarán del distribuidor.
Línea 2: Coste de los 21 ejemplares de venta normal
21 * 1,40 * 0,70 / 1,04 = 22,3478
 Línea 3: Coste del ejemplar de suscripción
1 * 1,40 * 0,70 / 1,04 = 1,0769
Línea 4: Lo que el distribuidor ha de pagar por la venta del diario, o sea, 1,40 menos el IVA que se cargará más tarde (en totales)
1 * 1,40  / 1,04 = 1,3462
Total a pagar: Coste ejemplares de venta normal + coste ejemplar de suscripción – venta ejemplar de suscripción.
22,6154 + 1,0769 – 1,3462 = 22,3462
La diferencia es de 16 diezmilésimas de euro, es decir, 0,27 pts o un real, aproximadamente.

Parece ser que, para este albarán, los cálculos del distribuidor y los míos son prácticamente iguales. No encuentro motivo que justifique por qué en el primer caso hay tanta diferencia. Se me ocurren dos explicaciones:
1.- No se ha tenido en cuenta el ejemplar de suscripción y el cálculo se limita a la línea 2 del cuadro, es decir, 17 ejemplares para venta: 17,1635, muy similar a los 17,1649 que me cobran.
2.- Se han aficionado al descuento en el pago de suscripciones y a la línea 4 le han aplicado el 25% de descuento
 
No me creo ninguna de las dos explicaciones, dado que la codificación del albarán es correcta y, si hay algo que es seguro en informática, es que si unas líneas de código de programa funcionas una vez, funcionan siempre.
Por tanto, yo estoy equivocado y no sé dónde.

sábado, abril 11, 2015

Emérito


Cuando un individuo nace en una aldea perdida, unos 200 km más allá de donde Perico perdió el gorro, está condenado de por vida a ser un paleto. O estábamos condenados a serlo los que nacimos antes de que las 625 líneas del televisor se derramaran por nuestros respectivos países. Hasta entonces los paletos se reconocían a tiro legua: por su vestimenta arrugada después de varios meses en el fondo del baúl; por sus andares, propios de quien está acostumbrado a caminar por trochas y saltar balates; por su tez curtida bajo el sol y engurruñida por el frío…
Y, sobre todo, cuando abrían la boca.
La quintaesencia del palurdo: volumen adecuado para que su voz llegue con claridad a quienes barcinan en la hondonada, acento acorde con la idiosincrasia de cada comarca, y vocabulario selecto, escogido y académico.

Tomé conciencia a muy temprana edad de mis limitaciones de comunicación. Si no recuerdo mal fue un día en que mi hermana mayor volvía de la catequesis; la habían enseñado a hacer frases pronunciando las sílabas al revés: CHAPITÚ DE BARATILLO fue la frase que aprendió y, cuando, por fin, fui capaz de darle la vuelta, nos reímos un montón. Tanta fue la gracia que nos hizo, que durante varios días no hacíamos otra cosa que ponernos a prueba el uno al otro. Yo era más pequeño y, por tanto, tenía dificultad para darle la vuelta a una frase entera, así que me limitaba a proponer palabras. Hasta que un día entró en juego mi padre: YO CHICU, nos dijo. No fui capaz de acertar el envite; mi hermana sí.
- CU… CHI… LLO. Cuchillo, pero está mal. Se dice guchillo.
Porque guchillo es como se decía faca en fino. Entonces mi padre nos dio una lección de gramática: los catetos no sabemos hablar bien; decimos guñuelo, moniato, papas y caramal, cuando en realidad deberíamos decir buñuelo, boniato, patata o calamar; intercambiamos letras o sílabas y decimos estógamo, pediórico o daleao en lugar de estómago, periódico o ladeado; o utilizamos anacronismos como arruñar o nadie; por si fuera poco empleamos palabras malsonantes como culo, cagar o mear y hay palabras más finas y respetuosas para decir lo mismo. Nos dejó jodidos (palabra que tampoco debía pronunciarse delante de las personas finas) y no se le ocurrió otra cosa que comprarnos un diccionario y enseñarnos a manejarlo.

Creo que la lección valió para que, tanto mi hermana como yo, tomásemos conciencia del significado de las palabras y su correcta pronunciación. Bien es verdad que, cuando uno está enfrascado en una lectura interesante, ya se trate de un tebeo del Guerrero del Antifaz o una novela de Miguel de Unamuno (por poner un ejemplo), si encuentra una palabra desconocida, no interrumpe la lectura para buscarla en el diccionario, y hay veces que, tras tropezar con ella varias veces, le asigna un significado que a menudo no concuerda exactamente con lo que realmente quiere decir. A mí me paso eso con la palabra emérito. Tuve conocimiento de su existencia cuando leí algo sobre el arzobispo emérito de Granada (o el obispo emérito de Guadix, vaya usted a saber). Recordé lo de Emerita Augusta y le asigné el significado de importante o meritorio y así la he venido interpretando durante años.
Hasta que dimitió el Papa Ratzinger y se convirtió en el Papa Emérito; y cuando el Rey Juan Carlos se convirtió en el Rey Emérito. Fue entonces cuando busque la palabra en el diccionario:
Dicho de una persona: Que se ha retirado de un empleo o cargo y disfruta algún premio por sus buenos servicios.
¡Coño! ¡Como yo! Retirado del empleo de quiosquero, disfrutando de una paguilla por mis buenos servicios a las arcas de la seguridad social y otras arcas públicas o impúdicas.

Antonio Linares, quiosquero. En adelante Quiosquero emérito.