martes, septiembre 05, 2023

La leyenda del beso

Desde que las televisiones de pago obligatorio (esto es, las que se subvencionan con los impuestos, que pagamos todos, y las que viven de la publicidad, que pagamos todos) dejaron de transmitir eventos deportivos de masas los sábados o domingos (fútbol y baloncesto principalmente), me he ido apartando un poco del deporte. Miro en Google los resultados de fútbol del Granada, Almería y Betis (por vecindad), y Real Madrid y F.C. Barcelona (por cultura deportiva), y veo los partidos de la selección y el final de las etapas de la vuelta ciclista con llegada en alto. Poco más.
No es de extrañar que apenas conozca el personaje de Luis Rubiales; de hecho, hasta hace unos días no tenía claro si Rubiales era el presidente de la Federación de Fútbol y Tebas el de la Liga Profesional o viceversa. Sí me sonaba que ambos profesionales se llevaban como Sorvilán y Polopos y que se zancadilleaban mutuamente.

He visto parte del Mundial de Fútbol Femenino (los partidos que retransmitían a horas tempestivas) y, por supuesto, no me perdí la final. Por dos razones: porque nuestras mujeres juegan bien y porque la final de un mundial es un hito en nuestro deporte.
No vi los sucesos que acaecieron en el palco; seguramente fui a mear al acabar el partido. Sí vi el reparto de medallas y la entrega de la copa; me sorprendió el beso que Luis Rubiales dio a Jennifer Hermoso: no venía a cuento. Tampoco le di mayor importancia, toda vez que la futbolista no dio muestras de incomodidad y salió del “choque” luciendo una amplia sonrisa. Interpreté el beso como una prolongación del abrazo que se iban dando todos, producto, quizás, de la emoción por la gesta conseguida.

Y empezó la tertulia.
Dos días después del partido, la noticia no era que nuestra selección femenina hubiese ganado el campeonato del mundo; lo que se veía en “todas” las pantallas, se escuchaba en “todas” las radios y se leía en “toda” la prensa es que el presidente de la federación había “agredido sexualmente” a una de las jugadoras y, en consecuencia, debía de dimitir. Jennifer declaró que no había habido consentimiento en el beso. Se subieron al carro de quienes defendían la agresión hasta tres ministras y media (que yo haya visto u oído) pidiendo la dimisión o “cese” de Rubiales. Y Rubiales se subió al estrado y dijo que nones, que no dimitía. Explicó su versión de los hechos dejando caer que podía haber habido una provocación previa y que pidió y recibió permiso para intercambiar un “piquito”. Casi nadie lo creyó, pero buena parte de los asistentes aplaudió de pie, incluidos los dos seleccionadores, a los que ofreció prorrogar sus contratos y subir sus emolumentos.
Para entonces las críticas ya se habían desatado. Si el refrán dice que del árbol caído todos hacen leña, los españoles somos capaces de hacer leña de cualquier árbol, aunque no esté caído, incluso cuando aún da fruto. Y nos tiramos a degüello del federativo: los miembros de la federación, los seleccionadores, las seleccionadas y cualquiera que no quisiera ser acusado de machista condenaron enérgicamente la agresión sufrida por Jenni. Por si fuera poco, las 23 jugadoras que estuvieron en Sidney presentaron su renuncia al equipo nacional.
Desde entonces hemos visto tantas veces las imágenes que demuestran una cosa u otra, que casi nos las sabemos de memoria. Hay dos acciones que merecen especial atención: la tocada de pelotas en el palco y el piquito.

La tocada de pelotas
El señor Rubiales se comportó como un “hooligan” zafio y maleducado, mostrándose ante el mundo con gestos propios de los Ultrasur o de los Boixos Nois, para acabar llevándose las manos (la mano) a sus partes ¿nobles? Me da igual que en el palco estuviese la reina Leticia, la infanta Sofía o Perico el de los palotes; el presidente de la federación estaba en el mundial como la máxima representación deportiva de España y dio un espectáculo que no nos deja a los españoles en muy buen lugar. Sólo por esto ya debería dejar su cargo y dedicarse a otros menesteres.


El pico
Luis Rubiales relató en su discurso de “no dimisión” que Jenni lo abrazó, lo levanto del suelo y lo volvió a abrazar. “¿Un piquito?”, preguntó él. “Vale”, contestó ella. Y le dio un “casto” beso.
En los diferentes videos con que nos han bombardeado saco mis conclusiones, erróneas o acertadas, pero mías.
- No se aprecia con claridad que la jugadora alce al directivo, más bien parece que éste se le cuelga (Rubiales no dice la verdad).
- Un experto en lectura de labios dice que Rubiales preguntó: “¿Te puedo dar un beso?”. No se ve la contestación de ella dado que estaba de espaldas, pero el presidente dijo que Jenni contestó con un “vale”, y eso no es SÍ. Y si SÓLO SÍ ES SÍ, la jugadora no consintió (Rubiales dice, al menos, parte de la verdad).
- En el vestuario se oye decir a Hermoso entre risas “Pero no me ha gustao”. También en el autocar de regreso al hotel las seleccionadas se lo están pasando en grande a costa del cachondeo que se llevan con el beso; alguien dice: “Como Íker y Sara”, y sigue la juerga. No parece que estén molestas ni conmocionadas, hasta en unas declaraciones se oye a la chica hablar de “acto mutuo”.

Conclusiones (mis)
Todo el cirio se monta cuando la “canallesca” se empeña en demostrar que el acto fue una agresión sexual, con lo que de criminal conlleva, y empiezan a sacarse actuaciones heterodoxas de Rubiales (cosas que ya se sabían o sospechaban), de modo que el susodicho, como anteriormente Juan Guerra, es responsable de todos los crímenes cometidos desde el asesinato de Jesucristo hasta nuestros días. No sé qué impresión se habrán llevado las mujeres objeto de un ataque de un agresor sexual.
Hasta ahora, Jennifer Hermoso no ha presentado denuncia alguna.
Sea como fuere, Rubiales es un impresentable. Mucha gente se pregunta cómo tal individuo preside la Federación Española de Fútbol y nadie lo ha destituido fulminantemente. La razón es obvia: nuestras leyes deportivas definen la forma en que se eligen estos cargos y el presidente fue elegido democráticamente.
Quien tenga amigos como éstos no necesita enemigos. Muchas de las personas que estuvieron en el discurso de Rubiales aplaudieron (incluso de pie) su intervención; al día siguiente, la mayoría pidió disculpas y admitió que se había equivocado.
Algo huele a podrido en Dinamarca. El año pasado se retiraron de la selección 15 jugadoras; este año, 23. Vilda, Rubiales, selección… No se respira buen ambiente.
Nuestro fútbol no merece un presidente (o sí) que se rasque los güevos ante medio mundo.
El beso no tiene más importancia de la que cada uno quiera dar.


El “escándalo” pudo haberse evitado parándolo de una de estas dos formas:
1.- Jennifer Hermoso declara que no se siente agredida sexualmente, sino que aceptó el beso como parte de la fiesta, o bien
2.- Luis Rubiales dimite a la primera

Es una lástima que el logro conseguido por la selección femenina quede obviado por un presidente arrogante y un escándalo fabricado. Claro que, a lo mejor, en un futuro esto se puede solucionar aplicando el clásico:

Los niños con los niños, las niñas con las niñas