miércoles, julio 04, 2012

¿Está llegando el futuro?




España limita al Norte con el Mar Cantábrico y los Montes Pirineos, que la separan de Francia; el Este, con el Mar Mediterráneo; al Sur, con este mismo mar, el Océano Atlántico y el estrecho de Gibraltar; y al Oeste, con el Océano Atlántico y Portugal.

Esto es lo que solemos contestar, y dicen las enciclopedias, cuando nos preguntan por los límites de España. No si por desconocimiento o aposta olvidamos siempre, u olvidaron enseñarnos, que, al Sur, junto al estrecho, España limita también con el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte (UK), país al que los españoles denominamos machaconamente Inglaterra. Mal que nos pese, Inglaterra ha sido, junto a Francia, una de las naciones europeas que más ha influido en las costumbres y desarrollo de la España moderna, y por eso, cuando se viaja por alguno de estos países, lo hacemos con los ojos muy abiertos intentando captar mejoras que podamos aplicar a nuestra forma de vida o a nuestra forma de ganárnosla. Es por esto por lo que me encanta tener la posibilidad de viajar al extranjero con sólo cruzar a pie la pista de aterrizaje que separa ambos países (el nuestro y el suyo), y que, al otro lado de la frontera, me reciban diciendo eso de “nossotroh ssemoh inglesseh.

Hace unos meses, pasé una semana en Londres por culpa de un “regaloque me hizo Epson al comprar una de las impresoras que fabrica. Londres es una ciudad extraña, aunque, tal vez, los extraños sean los ingleses, que se empeñan en ser distintos al resto de europeos. Conducen por la izquierda, pesan y pagan en libras, no se aclaran con el Sistema Métrico Decimal… Hasta a su capital, Londres, ellos la llaman London (o algo parecido).
Pero no me toca a criticar a los anglosajones. Lo mío es observar a la gente e intentar aprender de los que saben más que yo; o contar lo que he visto que hacen los que van más adelantados que nosotros. Lo que he visto me ha gustado muy poco… En realidad, no me ha gustado nada.

Camino de Russell Square encontré mi primer quiosco londinense. Me paré y lo analicé. Era ligeramente más pequeño que los que utilizamos en Barcelona, pero de planta fija, es decir, las paredes no se ensanchaban a base de puertas correderas, y no tenía expositores ni para diarios ni para revistas. De hecho, no tenía ni diarios ni revistas: el quiosco estaba repleto de camisetas, pines, suvenires y otros colgajos con eslóganes alusivos a los Juegos Olímpicos de este año. Bien, en las camisetas turísticas primaba una estampación que, más o menos, venía a decir: “The good boys go to heaven; the bad boys go to London, lo cual no deja de ser una chulería del tamaño de la que se tiraron, años ha, enviándonos a un par de piratas para hundir la Invencible.
Completaban los expositores del inmueble las postales de los monumentos y lugares históricos de la ciudad, incluidos los retratos de la Reina Madre, la Reina, la Hija de la Reina, el Hijo de la Reina, la Primera Nuera de la Reina y los Hijos del Hijo de la Reina y la Primera Nuera de la Reina. Alguna de las reinas postaleadas se hermana con Doña Inés de Castro en su “Reinar después de morir. Otros, en cambio, no reinarán ni vivos ni muertos.
(Se me ocurre que lo mismo sería un buen negocio vender postales de Su Majestad, el Rey, dando de comer a los elefantes del zoo).
Junto a Russell Station (underground) había otro quiosco: en éste ya no había ni souvenirs; vendían bolsos, bolsas, maletas y otros artículos de genuino cuero petroquímico.
Ambos quiosqueros eran ciudadanos de la Commonwealth, o sea, paquistaníes.
 

Ligeramente mosqueado, me fui fijando en chiringuitos de venta por impulso y otros locales comerciales. Durante una semana no he visto un solo quiosco (es mentira; luego explicaré una excepción) donde vendiesen diarios y revistas; ni siquiera en el quiosco próximo al Parlamento, justo detrás del Big Ben, ahora Torre de Isabel II. Cierto es que, en este último quiosco, se “vendendiarios gratuitos; no conseguí averiguar si el quiosquero se beneficia de tal venta o si es un servicio por amor a la difusión de la información.
En Londres, los diarios gratuitos no son un planfletillo: son periódicos de verdad, con la salvedad que, de cada dos páginas, una es de publicidad. El “London Evening Standard”, diario gratuito de la tarde, sale a la calle con unas 60 páginas, y “Metro” ronda las 90. ¡Eso es competencia!

pude observar que no hay un modelo único de quiosco; cada cual monta la caseta en función del espacio que le conceden, eso sí, respetando el entorno y la línea de la fachada que lo soporta. Para ejemplo, véase el quiosco a medida que aprovecha el recoveco de la pared de un edificio situado en una de las calles que van a morir a Picadilly Circus.
 

¿Dónde se venden, entonces, los diarios de pago en Londres? ¿En las panaderías? ¿En los supermercados? No exactamente. Se venden en todos sitios, sobre todo en tiendas FOOD & WINE o FOOD & DRINK, donde, por cierto, no vi diarios gratuitos. En estos locales sucede como en Berlín: podemos encontrar los diarios de mayor tirada, alguna revista y postales.

Si el lector busca una revista, tanto más si es especializada, tendrá que localizar un local comercial específico que se dedique a tales menesteres. Para quienes no conocen la ciudad no son fáciles de encontrar porque no tienen ningún distintivo especial en la puerta. Medio local está dedicado a la exposición y venta de revistas; el otro medio muestra una gran variedad de chicles, caramelos y guarrerías masticables varias; junto al mostrador, el cliente puede escoger entre un “amplio” surtido de refrescos y helados.

Resumiendo: en Inglaterra, el vendedor de prensa es un oficio muerto y enterrado. Existen quiosqueros que venden artículos para guiris y otras gilipolleces intrascendentes; estos puestos de trabajo están ocupados mayormente por inmigrantes. La prensa se vende a pequeñas dosis y en comercios no especializados, salvo algunos, que disponen de una oferta extensa y variada. En una semana sólo vi un quiosco tradicional que vendía prensa; fue en Candem.

Si tenemos en cuenta que la Gran Bretaña es un país puntero con un alto nivel de vida y que los pobres acabamos imitando a los ricos, es fácil deducir que, en poco tiempo, los quiosqueros españoles venderán artículos de recuerdo, mientras que otros comercios distribuirán la prensa. El futuro se nos presenta más negro que la Prima de Riesgo.


PD. El lunes último se me ocurrió pasar por Balerma, un pueblecito marinero de la costa de Almería, recientemente reconvertido en agroturístico. Tiré la casa por la ventana y busqué donde comprar el periódico del día, mayormente para ver si lo periodistas me explicaban cómo había jugado la selección nacional de fútbol. En Balerma la prensa se vende en un TIEN21.
El futuro está llegando a velocidad de vértigo.

5 Comments:

At 6/7/12 21:09, Blogger kioskero said...

Muchas gracias Antonio.
Como decian en la pelicula "A veces veo muertos",

 
At 6/7/12 21:19, Blogger Alenvedi said...

Ufff si, el futuro llega, madre mía y a qué velocidad...
Buen reportaje Antonio. Dentro de poco puede que no encontremos explicación a larga existencia, y la verdad para las condiciones que soportamos quien sabe si esta anunciada extinción no será incluso una buena noticia.
Un amigo de El Puerto de Sta María dice que es como un libro escrito donde existe un final y su autor por supuesto que lo conoce.

Eso es lo trágico para nosotros, que el final está escrito, y si lo está y no hay más allá nos van a tener entretenidos hasta que el limón no de más de sí.

Saludos

 
At 6/7/12 22:01, Blogger Quiosquero said...

Es lo que hay

 
At 17/7/12 13:52, Blogger BANDOLERA said...

Muy bueno, quiosquero....
Es lo que hay, y no se quiere ver. Como pasó con "La Invencible".
Un beso.

PD- Mira que ver muertos kioskero!! Lo que le faltaba ya para ser más raro....

 
At 20/7/12 13:15, Blogger Vero said...

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