miércoles, julio 01, 2009

Miércoles al sol

Me cachis en la mar…
Son casi las dos de la tarde y apenas acabo de finalizar la apertura y coloque de los paquetes de revistas. Y eso que esta mañana Salva se cayó del catre y ha venido a ayudarme a abrir el quiosco.
Aunque quizás sea mejor empezar por el principio…

Anoche andaba algo excitado. Intenté cuadrar la factura de la distribuidora del Señor Conde y se me disparó la adrenalina; la diferencia se aproximaba peligrosamente a los 400 €. Nada de importancia; como el miércoles fue San Juan, no hubo recogida, y como la recogida se retrasó 24 horas, el abono se demora una semana… Minucias. Lo cierto es que el Tranquilium no me hizo efecto y, entre los nervios y la subida de la temperatura, me entró el mal de San Vito cuando me metí en la cama. Acabé poniéndole los cuernos a Quiosquera y fui a acostarme con la Calor junto a la puerta que da a la terracilla. El escarceo duró hasta pasadas las 12 y, aun así, no he dormido bien. Como consecuencia, desperté una hora más tarde de lo que debía. He recuperado bastante tiempo a base de no afeitarme ni desayunar ni ná de ná (me duché anoche, ¿vale?) y salía del garaje con sólo 5 minutos de retraso respecto al horario previsto. Entonces sonó el móvil. Salva estaba ya junto al quiosco y llamaba para asegurarse que no me había quedado pínfano. Me ha ayudado a abrir, a colocar la prensa y parte de las revistas de SGEL e, incluso, me ha permitido un desayuno ligero. Cuando se ha ido, cerca de las 9, sólo me quedaba por poner la gurrifalla de SGEL y en ello me he empleado. SADE llega más tarde.
Por un momento me ha dado la sensación de un suceso ya vivido. Parecía como si estuviese entrando los albaranes del día anterior…
· Tendencias, número 144: 2 ejemplares. Stock resultante: 4.
· Rutas del Mundo, número 218: 1 ejemplar. Stock resultante: 2.
· Integral, número 355: 1 ejemplar. Stock resultante: 4. ¡Quieto, parao! Recuerdo que ayer vendí una al Doctor Midí y no pueden quedar tantas. Visualización del histórico: día 26, 2 ejemplares; día 29, 2 ejemplares; día 1, 1 ejemplar…
¿Para qué seguir? La cuestión es que los quiosqueros estemos entretenidos y nos quede el mínimo de tiempo para pensar. Pensar es perjudicial tanto para el pensante activo como para el pasivo.

Claro que, en total, eran dos o tres paquetitos de nada. Salva se los hubiera ventilado en un santiamén pero yo, además de ser más lento de reflejos y otras cosas, soy más puñetero y voy sacando punta a cada esfuerzo que hubiera podido ahorrarme si todos fuéramos un pelín más considerados. Y luego está Murphy… La gente pasa junto al quiosco y, por lo general, ni mira, pero basta que uno tenga la atención puesta en cualquier otra cosa para que la clientela tapone la acera y, además de volverme loco intentando despejar rápidamente el panorama, impida el paso a capacitados y discapacitados (no tengo noticia de que el ayuntamiento piense multar por esto).

Menos mal que, de tanto en tanto, pasa algo que ayuda a animar a este quiosquero y su blog. Hoy, Mía “regala” unas chanclas veraniegas por sólo 2 reales (50 cts.) y hemos sostenido 14 conversaciones del tipo:
- ¿Tiene del número 38?
- No lo sé, señora, es talla única.
- …
- ¿Cree que me estarán bien?
- Eche la revista al suelo y ponga el pie encima…

Sobre las 11 se ha parado una pareja.
- Mira, cariño, unas chanclas.
- Eso no valdrá nada.
- Bueno, con que me duren hoy; es que los zapatos me llevan muerta (la frase correcta debería haber sido “me están matando”).
La señora ha destripado el envoltorio y ha intentado calzarse la primera chancla, la cual se resistía y no acababa de colocarse en su sitio.
- A ver si ahora le van a quedar pequeñas... –he dicho por decir algo-.
- No se preocupe que ésta entra. Es que tengo los pies hinchados. ¿No ve? Me llega hasta los tobillos. ¿A usted no se le hinchan por el calor?
- A mí se me hinchan por el calor y por estar mucho rato de pie, pero se me hinchan hasta más arriba.
- ¿Ve? ¡Ya está! Venimos del norte y para ver la ciudad hay que ir cómoda –me he acordado de lo fresquito que se ha de dormir en el norte mientras yo he pasado aquí la noche del loro-. ¿Me daría una bolsita para llevar los zapatos?
¡Faltaría más!

El inglés ha sido más simpático. Llegó, eligió Hola y Lecturas y me largó 10 € mientras que, con un español fluido y por señas, me decía.
- ¿Plástic beg, plis?
- Plis no me queda pero plástic beg sí.
- Zenquiu güery mach.
Y se ha ido tan contento a practicar el idioma leyendo los problemas de corazón de las famosas.

A los dos últimos no los he entendido.

Ella.
- ¿Tiene tarjetas para recargar móviles?
- No, pero le puedo añadir a su móvil el saldo que necesite.
- ¿Cuánto es el mínimo que puedo recargar?
- Cinco euros.
Ha hecho un mohín y se ha dado el dos. Cuando tenía tarjetas, la más barata era de 15€.

El.
- Usted no vende tabaco, ¿verdad?
- Sí, sí vendo.
- ¿Hay algún estanco cerca?
- Un poco más abajo.
- ¡Venga, hasta luego, gracias!

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