martes, marzo 14, 2006

Levantar el ánimo

En el quiosco el martes suele ser un mal día. Normalmente el martes es el día que sigue al lunes y los lunes son duros. He de preparar las devoluciones de Marina Press, Atheneum y SADE y hacer recuento de los recortitos que hay que hacer a los periódicos cada vez que un cliente se lleva el mapa de Catalunya Poble a Poble, el CD de Mozart o cualquiera de las tropecientas promociones que ofrecen las editoriales. Para colmo el lunes es el día que más se vende, o sea, que los paquetes he de hacerlos a salto de mata. El martes, por tanto, llego fundido y, como para compensar, es un día de venta floja pasadas las 12 me hundo en la miseria: sueño, flojera, sentimiento de culpa por no adelantar otras faenas…

En esas estaba cuando ha llegado la Gallega, pie en el estribo, el móvil en una mano, un billete de 20 en la otra y una moneda de 2 euros en la… ¡coño! ¿dónde la llevaba? Cuando la gallega pone el pie en el estribo es que tiene gana de charla, monólogo, por supuesto.
- Vengo del dentista –me dice- que me ha tapado un bujero en este diente y limpiado dos caries aquí. Es un dotor muy bueno pero caro el jodío. Antes estaba un poquito más abajo pero ahora tengo que ir hasta más allá de la gasolinera y vengo resoplando. Es que no se puede llegar a vieja, estoy hecha una mierda. Mire, mire. Esto me lo hizo ayer el chino que tengo la muñeca hecha una porquería, la madre que la parió. Me pone unas, desas que se quedan pegadas, ¡ventosas!, y luego las quema. Yo creo que la marca no se me va en la vida. Pero con lo que el suraca no puede es con el dolor que tengo en la pierna que se me queda temblona, como la de los conejos cuando los desnucas que parece que les ha entrao el parquison ese. Donde me hizo una buena faena fue aquí –se señala el sobaco- que lo tenía lleno de sangre y pus y me llegaba hasta la te… el pecho. Me puso las ventosas y sacó un litro de churrimandanga; me dejó nueva. ¿Le queda algún Periódico del domingo? Es que los sábados lo compra el Manel y por la tarde nos lo da a nosotros y los domingos lo compra el tarugo que tengo en casa y luego se lo da al Manel. Este domingo leí que en Canarias se puede comprar un chino por 800 euros, u 8000, y el jodío del japonés no se lo cree y como el Manel tiró el periódico…
- Por 800 euros me compro un chino yo y, con un poco más, un buen látigo…
- No hace falta. Los chinos son muy trabajadores, no paran. Y cuestan poco de mantener: no comen más que arroz blanco.
- Y un poco de tres en uno para que no chirríen cuando hacen las reverencias.
- Ay, jefe –se ríe-, usted también es un jodío cachondo. Tres en uno. Lo mismo que me dijo el dotor.
- Venga, mujer, que con los dientes que le han dejado se va a meter usted hoy solomillo entre pecho y espalda…
- Lentejas, tengo lentejas. Desas pequeñitas que se hacen enseguida. Le pongo unas patatas cortadas pequeñas, un tomate, cebolla, un chorreón de aceite, chorizo, unas costillitas de gorrino que compro en el Sorli porque gorrino, lo que se dice gorrino, ya no se encuentra ni en el pueblo, y un puerro. Y el tarugo aquel seguro que no las come porque dice que no le gusta el puerro, me cagonlaleche,la madre que lo trajo. Bueno, póngame una recarga en el cacharro este que ayer estaba hablando y se me acabó el saldo. Y eso que lo tengo con el candado puesto. Y dos euros a la loto esa.
Me alarga el móvil y, en efecto, la imagen de un candado ocupa media pantalla

- Bueno, jefe, hasta otra. Ah, y dos zanahorias. También le pongo dos zanahorias.

1 Comments:

At 14/3/06 16:14, Blogger dalr said...

Lo cachondo es que se extrañe de que se le acabe tan rápido el saldo. Si le cobraran por palabras estaba en la ruina la pobre... Por cierto. A ver si te enteras de dónde coño es el dotor. Suraca, chino, japonés.., me estoy oliendo que el tío es de Badajod.

 

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