martes, noviembre 14, 2006

Yúrnal espor

Ayer me levanté tarde y con el pie cambiado. En un cuarto de hora pasé por el aseo (lavado de gato) y desayuné (café y vas que te matas). Llegué al garaje con la lengua fuera y, ¡hostias!, con las prisas había cogido las llaves de la moto en lugar de las del coche. Y tenía que llevar el coche porque el almacén estaba repleto y el lunes recogen la devolución. Vuelta a casa y a empezar de nuevo. Estaba llegando al quiosco cuando sonó el móvil: “Señor Quiosquero, soy Salva. Me he dormido”. Pues como yo.
Si el día empieza jodido, no hay forma de recuperarse. A las 4 de la tarde estaba fundido y con un montón de revistas que reclamaban empaquetaje. Por delante pasó Miguel y, cinco pasos atrás, la Gallega. Se paró y se puso en posición de “hoy vamos a hablar un ratito”. Me cachis en la mar, pensé, con el trabajo de tengo. Rebuscó en el bolso y sacó el móvil.
- Écheme 20 euros a este chisme que no sé si tengo saldo y aquella me llama y me dice: “Mamá, llámame tú”. Y mire que la tía es arisca pero, cuando pago yo, se enrolla de mala manera: “Muchos besitos, un abrazo a papá…” Y la jodía cuando está aquí ni se nos acerca, la madre que la parió. Y es que el chisme este no sé lo que le he tocado que me dice que tengo mensajes y no los puedo leer. A ver si un día está su hijo, que sabe mucho, y me lo desatasca.
- Déjeme probar.
Me dio el móvil. ¿Dónde está la tecla de menú?. Ni flores. Apretando teclas llegué a la bandeja de entrada. Pulso. ¿Enviar? ¡Mierda! Quinientas veces y no había manera. Un chaval se acercó a comprar un chicle.
- Niño, prueba tú a leer los mensajes.
- Señora, primero hay que apretar la tecla del menú.
Ni flores. El chico desistió y siguió su camino.
- Este cacharro lo tendré que cambiar algún día y eso que sólo hace seis años que lo tengo y siempre me ha ido bien. Sencillito que si no me hago un lío.
- ¡Pi, pi..!
- ¡Anda la hostia! Ahora pita.
“¿Quiere leer mensajes entrantes?” O.K. “Su saldo es de 1,69 €”.
- Ponga 20 euros.
Recarga. Movistar. Número de teléfono. Importe. Confirmar.
- ¡Pi, pi..!
Me guardé el móvil en el bolsillo.
- ¡Ay, hijo! Me voy a sentar un ratito que duelen las coyunturas.
Dejó caer el culo sobre Primeramà.
- ¿Yúrnal espor?
- No señora. De extranjero sólo tenemos Le Monde.
La señora me mira extrañada.
- Yúrnal espor.
- Jefe, esta quiere el periódico que se lleva el tarugo, el del Barça.
- ¡Ah! El Espor.
Se lo señalo a la extranjera y me paga.
- Grache tante.
- Chao.
Y se va.
- Menos mal – le digo a la Gallega- que usted saber idiomas que si no ésta se me escapa.
El quiosco empezó a agitarse al ritmo de sus carcajadas.
- ¿Idiomas, jefe? Español y mal hablao. El que es un hacha es el Miguel. Cuando estaba en el hotel, había un tío que venía de Nueva Yor y el único que lo entendía era él. Medio quilo se gastaba el fulano en la habitación pero a comer, a mi casa. Decía que no le gustaba lo que le ponían por ahí. Y yo le ponía un arroz de marisco… No le gustaba el mixto. Y por la mañana venía y me decía: “Sanduich” y yo lo mandaba al bar de la esquina pero ni caso. Lo llevamos a Carballeria y el morlaco va y pide patatas fritas con güevos, la madre que lo parió, que comer eso en Carballeira es pecado. Y se acercó una señorita y le dejó una tarjeta. Bueno, eso fue en un puticlub al que lo llevaba Miguel. La señorita dejaba la tarjeta para que llamaran si querían cachondeo y el Miguel le preguntaba si quería una. Que yo no sé si la mindungui era para el americano o para mi marido, allá se las componga. Y el tío decía que nones que él no se gastaba 5.000 pts. que me parece que valía entonces. Y el Miguel le dice: “Eres feo, estás viudo, pues si quieres retozar con una tía tendrás que pagar ¿no? Y el otro le contestaba, en inglés ¿eh?: “¿Ves? –se metía las 5.000 pts en un bolsillo-. Me voy al servicio, me saco la tita, una palmadita por aquí, una por allá, otra por arriba, otra por abajo, me cambio el billete de bolsillo y ya está. Acabo de ganar 1.000 duros”. Todas las noches venía a cenar a casa y se ponía morao. El Miguel en cuanto le da sueño se acuesta y a aquí me tiene a mí entreteniendo al americano. Mientras, doblo la ropa y la plancho. Pero a las 2 de la mañana estoy hecha unos zorros y le digo “Mister, pasillo”. El tío me entiende: “Tumoro”. Eso, tumoro, tumoro. Pero ve pillando las escaleras. Mes y medio se pasaba cada año el tío.

Se levanta.
- Bueno, jefe. Ya le he dado esta tarde la castaña. ¡Uuuuuy! ¿No oye las bielas como chillan? En un par de semanas tendré que ir al chino a que me las enderece un poco. En setiembre se me hincharon las manos y la dotora me decía que era una infección. ¡Una infeción! Y ¿por dónde se me había metido el bicho si no había ninguna llaga?. Me recetó un montón de antibióticos pero no me los tomé. Me fui al suraca y me lo arregló en un santiamén: “Le habrá dicho que era una inflamación”. ¡Inflamación! Coño, ni que estuviera sorda.
Mientras hablaba iba registrando el bolso.
- ¿Dónde leche he puesto el móvil?
- ¿Está buscando algo?
- El móvil, coño, que no lo encuentro.
- ¿Cómo lo va ha encontrar si lo tengo yo en el bolsillo?
- ¡Anda el cachondo jodío! Y yo creía que todavía no había nacido el que me tomara el pelo… ¡Será jodío!

1 Comments:

At 15/11/06 18:03, Blogger dalr said...

Me alegra que la gallega vuelva a estar más animada. Eso significa que su marido empieza a recuperarse de la operación de este verano. Felicidades a ambos.

 

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