viernes, julio 03, 2009

Añorar el quiosco

Siete meses de ejercicio administrativo moderado se notan; tanto más, cuando se entra a saco en el ejercicio comercial intensivo y sin solución de continuidad (curiosa locución; nunca supe qué significa con exactitud pero suena muy bien). No es que empiece a quejarme, ya llegará el momento de analizar cómo se presenta el futuro, pero es que, hasta que no han empezado a crujirme los huesos, no me había dado cuenta cómo echaba en falta el trato con el público y sus pequeñas historias personales. Sé que muchos de los parabienes que recibo son puro cumplido pero cuando a la señora Milagros se le ilumina la cara al verme, la Panaera me obsequia con un pan artesano porque conoce mi debilidad por los fermentos naturales, o Mamá Chispa me da un par de besos mientras le ruedan unas lágrimas por las mejillas, a cualquiera se le pone la carne de gallina al tiempo que se le suavizan las coyunturas.

Hablo de pasada del precio del Punt. Me enteré ayer de la subida porque un cliente vino a pagarme los diez céntimos del día anterior. Ni que decir tiene que el nuevo precio venía en el albarán, amén de una pequeña y cuasi subliminal línea aclaratoria. Si los quiosqueros fuésemos comerciantes, quince días antes de la subida hubiésemos recibido la visita del vendedor de zona (inspector en nuestro caso) para avisarnos de la circunstancia, y el albarán del 1 de julio habría llegado precedido de un titular a cuatro columnas (por lo menos) con el recordatorio. Claro que, si fuéramos comerciantes, cada entrega de Logística señalaría el precio, descuento e IVA de cada producto servido y, además, el albarán vendría valorado. Mientras seamos ciervos (borregos), Logística tratará a los quiosqueros como lo que somos: un rebaño.

Hoy recibo un albarán de SGEL. Escaldado de ayer, leo la letra chica: “Título 6502 nº 89 en alb. 5332243 02/07/09 pasa de 3,95 a 3,50”. Susana, ¡coño!, ¿tan difícil es poner RUNNERS WORLD en vez de título 6502? ¿Qué demonios le importa al quiosquero el sistema de codificación que utilice SGEL para designar sus publicaciones? ¿A dónde me mandaríais si yo reclamase que me faltan dos ejemplares del título 3360, que es el código que corresponde en mi base de datos a RUNNERS WORLD? Os lo digo de verdad con el bagaje de 32 años de experiencia informática: un programador no tarda más de 15 minutos en poner la instrucción adecuada y hacer felices a un montón de quiosqueros. A mí por lo menos, que aprecio y agradezco esos pequeños detalles que parecen insignificantes pero que ahorran unos segundos que pueden ser preciosos.

Veo también que Marina Press ha institucionalizado el viernes como día de reparto de los magazines dominicales de El País, El Mundo de Catalunya y Avui. ¿Están repletos los almacenes de la distribuidora o es que el Señor Conde de la Marina Press y Grande de España ha aplicado una ERE a los citados magazines y nos los manda a los quiosqueros para que les paguemos el PER?

Vamos por faena. Las reivindicaciones las dejamos a las asociaciones, que para eso están. Lo nuestro, lo mío, está en la anecdotilla. A ello vamos.

Cerca del quiosco hay un centro de esos, tipo americano, donde guardan a los niños que el estado requisa a los padres que no pasan el nivel mínimo requerido para educar a sus hijos, básicamente padres jóvenes con problemas de alcohol o drogas. Los niños no sé exactamente dónde los guardan pero es aquí donde los traen el día que toca visita de papá o mamá. Frente al quiosco se ubica una empresa que tampoco sé muy bien a qué se dedica pero que algo tiene que ver con el mundo editorial. La mayoría de empleados son jóvenes y, por razones que a mí se me escapan, hacen un horario bastante informal.
Ha llegado una chica que tenía hora concertada para ver a sus hijos: una niña de once años y un niño de nueve. Se la veía nerviosa y emocionada y me ha pedido consejo para llevar a los niños un detalle que no le resultara caro. Por razones de seguridad comercial, tengo detrás de mí todas las revistas para gente menuda tirando a polludita y me he vuelto de espaldas mientras le iba cantando títulos y precios para que eligiese. En ello estábamos cuando ha aparecido un repartidor con varios paquetes. He oído cómo golpeaba en el vidrio de la puerta de enfrente.
- ¡Oiga, a qué hora abren estos tíos! –ha gritado-.
- Loka lleva un tanga de regalo y vale 2,40.
- ¡Uy, no! ¡Un tanga pa mi niña no!
- ¡Oiga, cuándo abren estos!
- La Witch lleva unos pendientes de fantasía y es algo más cara.
- ¡Oiga! ¿Sabe a qué hora abren aquí?
- Me parece que no lo saben ni ellos –he contestado sin volverme-.
- ¡Vale, hombre, muchas gracias!
Me da como que se ha ido molesto.

La gente que pregunta suele llevar prisa hasta para leer los apuntes. Cuando la chica que iba a visitar a sus hijos se ha ido después de tomarse su tiempo para esconder los obsequios en el fondo del bolso y así sorprender a los niños, ha pasado otra joven que iba embalada. He tenido la impresión de que ha hecho uso del ABS frente al quiosco.
- ¿El carré Uryel?
- Le queda bastante lejos.
- ¡Ay, no me diga eso, por favor! Si me han dicho que es aquí mismo…
Ha desenroscado la chuleta que llevaba en la mano y ha vuelto a leer la dirección.
- El carré Ruyel.
- ¿De Flor o de Lluria?
- ¡Ay, no sé! Aquí pone de Lluria; Ruyel de Lluria.
- Tira p’alante y la primera que encuentres.

Discúlpenme, amigos lectores, pero me estoy meando de risa. Mientras esto escribía he recibido una llamada telefónica. Me molesta bastante que me llamen estando en el quiosco porque, sea la hora que sea, los clientes aprovechan la llamada para venir todos de golpe a adquirir su diario; como, además, la mayoría de llamadas son para venderme algo, cada vez que suena el aparato me preparo para la gresca. La conversación ha ido tal que así.
- ¡Diga! –con tono de cabreo.
- Buenos días, Don Quiosquero –soy poco dado a los tratamientos pero que me empiecen una conversación con el “don” por delante me huele bastante mal, sobre todo si el acento me suena extraño, porque últimamente da la sensación de que todos los argentinos que residen en España se dedican a vender líneas telefónicas que casi te pagan por usarlas-, llama Seesecú de recarga de móviles –la persona que tengo al otro lado de la línea no es argentino; me da como que es chino, filipino o de otro país de ese entorno-.
- ¿Y?
- Usté ha cambiado emeil y se rechasa.
- ¡A ver, que nos aclaremos! ¿Usted de qué empresa llama?
- Seesecú, recarga móviles.
- CSQ. ¿Y a quién llama?
- A Don Quiosquero.
- Don Quiosquero ¿qué más?
- **** -me dice el apellido y acierta-.
- ¡Vale, ya nos conocemos! Ahora dígame cuál es el problema.
- Nosotros, Seesecú, manda mensaje a su correo y rechasa.
- Un momento –accedo a Outlook y visualizo los correos de CSQ; en el último que he recibido me mandan la factura de la semana 26-. Vale. He recibido el PDF de la factura de la semana pasada.
- Eso. Pero mando factura semana veintisiete y rechasa. Usted ha cambiado su emeil.
- ¿Qué coño voy a cambiar?
- ¿Perdón?
- Que mi dirección de correo sigue siendo la misma.
- No, nosotros mandamos a anal, telé fónica, punto, net.
Un cliente llega y recoge su AVUI. Hace intención de darme el dinero pero acaba encogiendo la mano y me dice por señas que se espera. Esto es lo que oye.
- Deletrea… A de Antonio… N de Navarra… A de Antonio… bueno, hombre, A de Alicante… y L de Londres. ¿ANAL, algarroba, telefónica, punto, net? ¡No jodas, tío! ¡Claro que me han dado por culo muchas veces pero electrónicamente todavía no!
El cliente del AVUI está descojonándose de risa. Me fijo en el último correo electrónico recibido de CSQ y, en efecto, está enviado simultáneamente a anal@telefonica.net y a mi propia dirección. Algún listo debió pensar que era absurdo mandarlo a dos sitios y se cargo la dirección buena.
El chino del otro lado de la línea no acaba de enterarse de las explicaciones que trato de darle, así que corto por lo sano.
- Borra la dirección que tienes y apunta la nueva. ¿Vale? Q de culo… ¡no, coño, de kilo no! Q de queso, U de Universidad… bueno, como quieras, U de Ucrania…
Al final parece que ha tomado bien la dirección porque no me ha vuelto a llamar. El del AVUI seguía divirtiéndose.
- ¡Jo, en la vida había oído una conversación igual!
- ¡Anda la hostia, ni a mí me habían dado por culo por email!

1 Comments:

At 4/7/09 12:35, Blogger Jose said...

Pues solo nos falta eso que tambien nos den por el bull electronicamente

 

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