viernes, agosto 14, 2009

ELLE MÉXICO

Hernán Cortés, conquistador del imperio azteca, fue bachiller por la Universidad de Salamanca, donde estudió retórica y gramática con el mismísimo Elio Antonio de Nebrija. No tengo ni idea del motivo, pero me apetece pensar que a causa de la formación intelectual de su conquistador, los conquistados mejicanos aprendieron ese lenguaje de verbo fácil y florido que los caracteriza.

Va para tres años y medio que apareció por mi quiosco una joven con acento mejicano empujando un cochecito de bebé (la joven, no el acento). Metió la mano en el espacio destinado al niño y saco un macro cartón al que se adhería una revista mensual con su correspondiente regalo de talla única.
- Verá, señooor. Le compré esta revista el día jueves y resultó que mi hermana ya me la había comprado en otro quiooosco. Si fuera usted tan amable de regresarme el dineeero.
Estuve en un tris de picar porque, muy verde todavía en lides quiosqueriles, no pensé que nadie me hiciese el toco-mocho por cuatro euros miserables, pero hacía poco que había estrenado mi programa KIOS (el cual, por aquellas fechas, aún era rico en listados estadísticos) y comprobé los movimientos de aquella publicación: ocho ejemplares recibidos, cero vendidos, ocho en existencia.
- Lo siento, señora, pero ha debido equivocarse de quiosco porque yo no se lo he vendido, ni el día jueves ni ningún otro día.
- Tal ves me confundí, señooor.

Desde entonces, como las golondrinas de Bécquer, ha vuelto cada dos meses a intentar colgar el nido de su revista encartonada en el balcón de mi quiosco. Conocido el paño, ni Salva ni yo hemos picado. Es más, después de tantísimos y tantísimos intentos, no puedo asegurar si el cochecito de bebé contiene niño o no.

Como por estos días no pasa ni aire por la acera, me estoy dedicando a vaciar el quiosco para dejar todo el espacio que vamos a necesitar para recibir las revistas mensuales y las primeras oleadas de la cartoná. Mi programa informático tiene la posibilidad de solicitar un listado de las publicaciones que vencen en una determinada fecha y esa es la opción que semanalmente utilizo para que no se me queden ejemplares afectados por el fatídico “fuera de plazo”. Esta mañana estaba contento porque iban apareciendo todas las revistas que el listado me sugería. Hasta que he llegado a ELLE. ELLE ESPAÑA, stock 5. Al ser revista encartonada, es objeto de castigo por mi parte y ocupa un espacio junto al techo del quiosco. Me han crujido todos los huesos cuando he estirado el brazo más allá de su punto de dolor pero he podido hacerme con los ejemplares sobrantes. Cuatro; me falta uno. Se me llevaban los demonios. Eso es culpa de Quiosquera, que en su afán de ayudar a sanear la economía del quiosco, saca a la calle hasta las publicaciones que son reo de mi ira.
- Disculpe, señooor. Le compré esta revista el día jueves y resultó que mi hermana ya me la había comprado en otro quiooosco. Si fuera usted tan amable de regresarme el dineeero.
¡La madre que la parió! Me roba la revista y encima quiere que se la compre.
- No puede ser –he hablado despacito, muy despacito, intentando controlar la mala leche que emanaba de mi interior-.
- Señooor, es que tendré dos vestidos del mismo color.
He tenido una iluminación.
- A ver, traaae –en el mismo tono suave y mesurado-.
- Grasias, señooor, es usted muy amaaable.
He cogido la revista y me ha cambiado la cara y el tono.
- ¡ESTA ES LA QUE ME FALTA! ¡AHORA, SI QUIERES, LLAMA A LA POLICÍA! ¿O PREFIERES QUE LA LLAME YO?
- No, señooor; yo no se la robéee.
Pero ha dado media vuelta al carrito e iniciado la retirada tomando acera abajo.

Me he quedado nervioso pero satisfecho. ¡Joder con la tía! ¡Y, encima, la muy imbécil viene a venderme a mí el género que ha robado en mi quiosco!
Por supuesto que no ha venido la policía. Aun así he pasado lo que quedaba de mañana con un resquemor en el estómago. Hasta que Superwaiter ha venido a traerme un bocadillo de tortilla (de patatas, por supuesto) y una cerveza helada. Le he dado un sorbo largo mientras echaba hacia atrás la cabeza para favorecer el discurrir del fluido. ¡Mierda! Desde el expositor que me he montado con cuatro tablas y que apoyo sobre la pared de enfrente, me sonreía la chica de portada del ELLE que faltaba.
Está visto que esta semana no doy una a derechas.

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