viernes, noviembre 21, 2008

Ahora me toca a mí...

En los primeros días de febrero de 1937, las tropas del Ejército “Nacional” tomaron Málaga. Por la represión que siguió, por la represión que se esperaba que siguiera o simplemente por miedo, decenas de miles de malagueños emprendieron la huída hacia Almería, ciudad bastante alejada de los límites de influencia fascista. Es lo que, en mi pueblo, se conoce como la Desbandá de Málaga. Según mis familiares, fueron tres días de riada humana a lo largo de la carretera, a los que siguieron otros cuantos en que la gente continuaba pasando pero mucho más espaciada.
Algo no debió de gustarle a mi abuelo cuando, una vez pasada la oleada gorda, hizo recoger los pertrechos necesarios y, apenas despuntaron las primeras luces, dio la orden de marcha hacia los pueblos del interior de la sierra buscando refugio en casa de algún pariente. No habían alcanzado aún el Camino de Juan de Austria (por donde se dice que Jeromín se adentro en La Alpujarra para apaciguar a los moriscos), cuando mi padre, mozalbete de 16 años, miró hacia atrás. Su casa ya estaba ardiendo. Sin pensárselo dos veces deshizo el camino y subió hasta la camarilla; allí, en una caja de madera, guardaba los pocos libros que poseía y rescató todos los que pudo aun cuando alguno de ellos ya había empezado a arder.

Esta breve historia la he escuchado muchas veces en las veladas de invierno a la luz de un candil. Y he tenido en mis manos los libros que se citaban aunque sólo me acuerdo de dos: una Enciclopedia Universal de no más de 500 páginas y un ejemplar del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Andaba yo por los 20 años cuando mi padre llegó a casa con cara de preocupación.
- ¿Cómo se calcula la capacidad de un tonel?
- No tengo ni idea –contesté-.
- Es que he echado una apuesta con el Jabato a que le calculaba lo que cabía en un tonel que acababa de comprar y he perdido. Mira a ver si me encuentras la enciclopedia mía de la escuela.
- ¿La que tenía un canto quemado?
- ¡Esa!
La encontré. No fue difícil; mi padre tenía pocos libros pero siempre a mano. Fue derecho: Capacidad = 0,625 * d3, siendo d la distancia desde el agujero del tonel al punto más alejado del mismo siguiendo la diagonal.
Mi padre había utilizado correctamente la fórmula pero se había equivocado al multiplicar por 0,625.
A lo largo de mi vida he estudiado muchas matemáticas pero ni en la escuela, ni el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad me enseñaron nunca cómo se calcula el volumen de un tonel. Claro que aquella enciclopedia era de antes de la guerra y, seguramente, estaba escrita para palurdos que guardaban el mosto en toneles en vez de en botellas de vidrio de 75 cl. etiquetadas.

El otro libro que se escapó de la quema, el Quijote, nunca me ha hecho gracia y eso que mi padre me leía pasajes y me hacía ver los distintos puntos de vista de Don Alonso Quijano y de Sancho Panza. Hay dos tipos que no me hacen mijita gracia. Uno es el chulete al que todo sale bien (Bugs Bunny, por ejemplo) y otro es el pobre desgraciado al que todo le sale mal y encima hace el ridículo (Don Quijote). Pero a pesar de ser más Sancho que Quijote (quisiera, al menos), he terminado muchas veces con los huesos molidos por defender causas indefendibles. Y he comprobado que los molinos no son gigantes. Los molinos son enormes fortalezas donde habitan gigantes, brujas y magos malévolos cuyo fin es el de acojonar al quiosquero andante antes de que pueda exponer reivindicaciones justas, factibles y realistas ante quien quizás pudiera escucharlo y entenderlo. No se me olvida mencionar que entre gigantes, brujas y magos, los dueños del castillo-molino también disponen de su 5ª columna de quiosqueros.

Estoy cansado, no sé si física o psíquicamente, y me tomo un tiempo de reposo. Ahora me toca pensar en mí y en mi entorno pero, aviso, sigo estando. A la vuelva hablaremos de editoriales, distribuidoras, administración, asociaciones y quiosqueros. Mientras tanto dejemos alguna pregunta flotando:

· ¿Por qué cada semana “recaudo” 20 vales de La Vanguardia y en julio, agosto y septiembre paso de los 100? ¿Quién me choriza las 80 suscripciones semanales de mis vecinos o sea 4000 Vanguardias anuales?
· ¿Alguien ha hecho números y calculado la rentabilidad que le dan algunas de las distribuidoras después de deducir los portes y los ejemplares que se pierden en los viajes de ida y vuelta? ¿Qué pasaría si 300 o 400 quiosqueros (a los que la distribuidora no les fuese muy rentable) nos diésemos de baja y reclamásemos los depósitos correspondientes?
· ¿Por qué dos de mis clientes habituales han dejado de comprarme BRUCE SPRINGSTEEN en base de que un amigo se los trae de la otra parte de Barcelona sin necesidad de tener que comprar El Periódico y encima me queda la sensación de que el ladrón soy yo?
· ¿En qué quedó el tema de los portes gratuitos?
· ¿En qué estado se encuentra la Publicidad Dinámica? ¿Está ya preñada o seguimos intentándolo?
· ¿Qué futuro nos espera, señor alcalde?

Volveré.

jueves, noviembre 06, 2008

La carta del ayuntamiento II

La otra noche cerré el artículo a la brava pero casi dos horas de conversación dieron para mucho más. A la entrevistadora, por ejemplo, le hizo mucha gracia el tamaño de la Cama Hinchable de La Razón que todavía tengo por aquí porque no han venido a buscármela.
- Pues eso no es nada comparado con los edredones, baterías de cocina, sartenes, carpetas para encuadernar fichas de informática, etc.
- ¿Dónde lo metéis?
- Hay varias alternativas. Podemos meterlo en el coche (craso error porque, si te lo roban, el seguro no responde), podemos alquilar un almacenillo (craso error porque, si te lo roban, el seguro no responde) o podemos ponerlo en la acera durante el día (craso error porque te puede multar el ayuntamiento). Y como las distribuidoras de diarios andan mal de almacenes, el jueves nos entregan todas las promociones y porquerías que “regalan” el sábado y domingo. Los fines de semana, parece ser, los clientes se van a la playa (con sonsonete) y no compran en el quiosco; para que no quede vacío, viernes, sábados y domingos las entregas vienen aumentadas y como las distribuidoras de revistas recogen los lunes, el domingo se puede bailar el vals en el salón principal del quiosco. ¿A que da la sensación de que el problema de espacio se minimizaría si todas las distribuidoras retiraran diariamente los sobrantes, incluidos domingos y fiestas de guardar? ¿Que los domingos se descansa? Servidor tiene tres días de fiesta al año.
- ¿Las promociones aumentan las ventas de diarios?
- Ligeramente. Normalmente la promoción la hace el lector habitual; son pocos los que compran el periódico por el “regalo” a parte de que muchas promociones son una estafa o deberían de serlo. Ejemplo: Bichos. Promoción de La Vanguardia. La promoción sale a 7,95 por el bicho más 2,20 por La Vanguardia. Hace un año salió una colección en la que idéntico bicho se puede comprar por 7,95 sin Vanguardia ni nada. Igualito con el Cossío: como colección se vendía a 12,90; como “promoción” Salía a 12,90 más El Mundo de Catalunya. Una ganga, vamos

Voy lanzado. La mitad de lo que acabo de contar no me dio tiempo a decirlo pero flotaba en el ambiente.
- Igual que los portes. La última ley escrita prohíbe su aplicación porque las distribuidoras ya cobran de las editoriales por el reparto, pero es igual; cobran trabajos auxiliares y ya está, y el quiosquero no puede repercutir ese gasto en el precio. Ejemplo gráfico: un día esta semana, de una de las distribuidoras he vendido 40 diarios; beneficio de 8€ menos recargo de equivalencia; portes 2€ cincuenta y tantos. Los portes se me llevan el 32% de mi ganancia. Y como he devuelto 33 diarios estoy con un riesgo de 26,4€ porque nadie me garantiza que me vayan a devolver el importe correspondiente.
- Usted se queja del formato de las revistas y los cartones.
Cosmopolitan está en uno de los expositores de madera que tengo en la calle. Cojo un ejemplar.
- Si la pongo así, Cosmopolitan ocupa en anchura algo más del espacio de dos revistas y su altura impide que en este espacio pueda poner otra fila. Si Cosmopolitan viniera así… (utilizo la técnica del Apocado; Cosmopolitan se dobla justo por la mitad y la pongo sobre la bandeja de exposición). ¿Ves? Clavada. O Glamour (está castigada en el estante de abajo). Si en vez de siete dedos de prolongación tuviera tres, espacio suficiente para los Maltesers, estaría colocada aquí en primera fila…

Me viene a la memoria que el domingo al sacar Barbie se me fueron a freír espárragos dos cinturones que lleva “perfectamente” retractilados. Subo al estrado y llamo la atención.
- No sé si saldrá igual pero vais a ver cómo nos llega la mercancía.
Agarro Barbie, situada en la parte alta del quiosco, tiro de ella y bajo la mano con una cierta fuerza. Los dos cinturones, la revista y toda la parafernalia se van al carajo.
- ¿Has cogido eso? –pregunta la periodista-.
Salvando todas las distancias entre mis periodistas y las de la película, me parece estar reviviendo La Jungla de Cristal.

Acabamos tomando un café en Superwaiter. No acababan de asimilar todo el rollo que les había soltado.
- Tranquilas que esto no es nada; sólo hemos hablado de espacio. Queda hablar de tiempo, de dinero, de relaciones “cordiales”, de repartidores, de asociaciones, de quiosqueros… Vamos que si sacamos a Al Capone de Chicago y lo metemos en el mundo del quiosco de Barcelona, resulta que es un angelico.

La televisión hace milagros pero si estas chicas son capaces de trasmitir una idea, por leve que fuese, de lo que es un quiosco, estaríamos ante candidatas al Pulitzer.

martes, noviembre 04, 2008

La carta del Ayuntamiento

Como siempre, a traición y aprovechando las vacaciones estivales, el Ayuntamiento de Barcelona se descuelga dando una nueva vuelta a la tuerca que aprieta el pescuezo de los quiosqueros, en este caso, en forma de nota informativa.
Destacamos:
- Nos ponemos en contacto con usted, para recabar su colaboración en un tema que ha llegado a ser muy preocupante en toda la ciudad. (Tengo entendido que, según las últimas encuestas, a los barceloneses no les preocupa el paro, ni la crisis -¿qué crisis?-, ni la seguridad; lo que realmente los tiene agobiados son los cartones que los quiosqueros apoyan en la pared de enfrente).
- Somos conscientes que no ayuda a ubicar CORRECTAMENTE DENTRO de los quioscos el material, el hecho de que ÚLTIMAMENTE las ediciones se acompañan de un cartonaje excesivo. Però…
- …en el futuro, las circunstancias recogidas como infracciones a las ordenanzas no seguirán teniendo en el futuro (valga la rebuznancia) un tratamiento de benevolencia.

En septiembre varios periódicos se hacen eco de la nota que, al parecer, no sólo afecta a los quiosqueros sino a todo establecimiento que utilice la acera como extensión del negocio. Hacen hincapié en los cartones de los quioscos, los atriles anunciando el menú del día y los maceteros que adornan la entrada de algunos bares. Y tocan la fibra del ciudadano sensible: los ciegos, que suelen caminar arrimados a la pared, corren riesgo de lesión y los que van en silla de ruedas y las mamás que empujan cochecitos de bebé…
Y es cierto. Incluso cualquier cabroncete podría dejarse la uña del dedo gordo incrustada en la base de uno de los maceteros.
Claro que, digo yo, el cieguecito, el minusválido de la silla de ruedas, la mamá que empuja el carro del bebé, el cabroncete o cualquiera de nosotros ¿no puede tropezar en la pata de una de las sillas de una de las “terrazas” autorizadas por el ayuntamiento y hacerse daño? En ningún caso. Las terrazas pagan una cuota y el municipio no está dispuesto a prescindir de ese ingreso. Igual puede ocurrir con las puertas de vidrio que amplían los quioscos hacia la calle. No sería la primera vez que un tierno infante se deja las narices contra el vidrio; aunque puede que aquí haya una diferencia: el tamaño de la hostia no depende del grosor de la puerta sino de la velocidad del niño.
Son multitud los artilugios que obstaculizan el paso de las personas, minusválidas o no, y no entenderé jamás por qué sólo son peligrosas los que salen gratis. Ni entenderé por qué es más peligroso un cartón que sobresale 10 cm de la pared de enfrente que una moto aparcada junto al quiosco muy cerca del paso de peatones.
A menos que se pretenda soslayar la crisis a golpe de multas.

Me dicen que el ayuntamiento no aplicará nunca esta normativa. Me es igual. La normativa está ahí y penderá siempre como una espada de Damocles sobre los pequeños comercios.

Estaba en estas elucubraciones cuando observo que tengo un email. “Treballo a Informatius de Televisió de Catalunya, TV3, i m'agradaria posar-me en contacte amb tu, en relació a un reportatge que estem elaborant”.
Últimamente no estoy para bromas, es decir, ando de cabreo subido y cunde el desánimo pero Quiosquera no está dispuesta a dejar que me rinda. “El quiosquer és el meu marit i, si esteu interessat a contactar amb ell, us atendrà de molt bon grat”.
Estaban interesados. Unos días después recibí una llamada para quedar. Hablaríamos de la carta del Ayuntamiento, cómo nos repercute y de qué forma se podría solucionar. Más o menos. Los cité el lunes a las seis y cuarto de la madrugada que es el momento en el que los quiosqueros estamos en nuestra salsa: despejados de mente y sin paquetes por en medio.

Este quiosquero es buen elemento cuando se trata de enrollarse en Can Superwaiter o en cualquier otro lugar y circunstancia donde no sean necesarias grandes dotes de ingenio o elocuencia. Otra cosa es cuando hay que hablar en serio. Ahí me gana la responsabilidad o el miedo a meter la pata y me acoquino bastante. Por eso, de una u otra manera, contacté con las Asociaciones en busca de ideas y, sobre todo, para que me marcasen el tono; y he pasado parte del fin de semana preparando la entrevista. No hace falta discurrir mucho para concluir que no me han hecho ni una sola de las preguntas que yo había imaginado.

El lunes ha empezado bien. Esperaba a una periodista despierta (según interpreté al hablar con ella por teléfono) y un cámara desgreñado. Con la periodista he acertado. Con el cámara (en este caso, la), no. Estaba en consonancia con la periodista. Así y todo he empezado torpe y muy justito de ideas.
Resumo lo que he dicho y lo que no he dicho porque no he tenido oportunidad o no se me ha ocurrido.

· Las aceras están para que deambulen los peatones.

· Es muy fácil solucionar un problema a golpe de sanciones. Así yo también puedo ser alcalde. Lo que es complicado es llegar a la raíz de ese problema y atajarlo en su inicio.

· En un quiosco intervienen tres estamentos: Administración, Editores-Distribuidores y quiosqueros. El único que no tiene ni voz ni voto es el quiosquero. Los Editores-Distribuidores tienen privilegio de monopolio aunque legalmente no lo sean. La periodista se sorprende: Si el quiosquero sólo puede comprar una revista a un distribuidor concreto ¿cómo es que no existe monopolio? Porque nadie me obliga a comprarle a este distribuidor; si voy a Huelva a comprar la revista, seguramente allí el distribuidor sea otro.

· ¿Cómo aplican las Distribuidoras su posición de privilegio? Lo explico gráficamente. Supongamos que el quiosco es un bar y quiero comprar cocacolas. Sólo hay una empresa que las distribuye y que me dice cuántas me va a mandar, cómo van a ir empaquetadas y a qué hora llegarán. Eso sí, cada cocacola, me costará 80 cts. más impuestos (recargo de equivalencia) y gastos de transporte y tendré que venderla a un precio máximo de 1 €. Además, cuando devuelva las caducadas deberé añadir las chapas y botellas de todas las que vendí y una vez por semana con cada cocacola deberé servir un pincho de tortilla (que ellos me suministran), calentito y bien presentado para llamar la atención del consumidor. Ese día la cocacola sólo me costará 75 cts. Pero, sobre todo, que no se me olvide devolver el palillo del pincho ya que, en este caso, me cobrarán la cocacola y la tortilla. ¿Que eso no lo admitiría ningún comerciante? Un comerciante no, un quiosquero sí.

· ¿Piden, entonces, los quiosqueros protección? Yo no. España lleva más de 300 años viviendo y pidiendo proteccionismo a papá estado. Yo lo único que quiero es que las circunstancias y las leyes me permitan sentarme ante editores y distribuidores en plano de igualdad y no de sumisión. Y discutir conjuntamente la normalización del tamaño de las revistas, cartones y otros menesteres que se determinan sin pensar jamás en el quiosquero, Y eso sólo puede hacerse de dos formas (que a mí se me ocurran): a) que tenga varios proveedores donde elegir; entonces trabajaré con el que me trate dignamente como cliente y no como “estimado colaborador” b) que no dependa económica y absolutamente de las distribuidoras.
En la cena de Navidad de 2006, el presidente del Tribunal Catalán de Defensa de la Competencia prometió que apoyará las denuncias contra competencia desleal, el Regidor de Cultura se comprometió a crear una mesa que busque soluciones y el Conseller de Cultura afirmó que el Estado no puede permitirse el lujo de quedarse sin quioscos. No se ha hecho nada (que yo sepa) y cuando se pone sobre la mesa la Publicididad Dinámica, que podría darnos cierta independencia económica, el Ayuntamiento la dinamita.

· ¿Justifica todo esto la invasión del espacio público? Un quiosco es un punto de venta o compra por impulso: veo, me gusta y compro. Salvo los habituales que te piden una publicación fija, la mayoría de las cosas que no se ven no se venden. Yo “castigo” las revistas cuyo envoltorio no me gusta y, sin embargo, cada mes vendo aproximadamente lo mismo. Si ocupase más espacio de acera exponiendo más y mejor las revistas mensuales, calculo que vendería entre 3 y 4000€ más cada mes. Y eso, tal como está el negocio, no es una cifra nada despreciable.

Termino por esta noche porque, entre unas cosas y otras, ya es mañana. Y estoy cansado. No acierto a pensar cómo los técnicos van a ser capaces de resumir en un par de minutos el rollo que les metí. El reportaje lo emitirá TV3 en el informativo de mediodía de no sé cuando. Me avisarán.